LOGOS

 

Las consecuencias se dejarán sentir

 

Marco Antonio Aguilar Cortés

 

Transparencia Internacional sitúa a México como uno de los países con más alto índice de corrupción, ubicando este lacerante mal hasta en los terrenos parlamentarios; ahí donde, en provecho propio, se ha iniciado el proceso para aprobar la reelección de diputados y senadores, dentro de una llamada reforma política.

El senado la aprobó; falta que los demás integrantes del Congreso Constituyente Permanente la aprueben; empero, la intención es que esta reforma entre en vigor hasta 2018, mientras las consecuencias para mal se dejarán sentir de inmediato.

Como todas las cosas, la reelección tiene pros y contras; sin embargo, en México no es el tiempo para ella. La necesaria movilidad política se fracturará, y reelegirse, ahora, cae como semilla en un terreno de corrupción que producirá mayor inmundicia.

De aprobarse esta reforma, ella sí, a diferencia de otras reformas malogradas, tendrá aplicación eficaz en beneficio de políticos d<esprestigiados que fincan su estancia de poder en la partidocracia, y operará en contra de una sociedad harta de pagar altísimos costos electorales, e irritada de sostener a funcionarios inútiles.

Relacionado con este tema, ha cumplido un año como presidente de México Enrique Peña Nieto, y la verdad sea dicha, en este lapso ha generado o auspiciado una buena cantidad de reformas y, algunas de ellas, de sana intención. Esto, para ser justos, nos debe motivar a ponerle al reformador una paloma de aprobación y un estrellita en la frente.

Con ello el Ejecutivo federal provoca, para bien de todos, claridad.

Empero, todas esas reformas se han iniciado y aprobado en el área legislativa, ya que han modificado o configurado adiciones a nuestra Carta Magna, o a sus leyes reglamentarias; siendo la mayoría de esa reformas vigentes, pero sin aplicación real todavía. Esto, para seguir siendo justos, nos obliga a ponerle al Ejecutivo federal un tache de reprobación, y a quitarle la estrellita.

Porque con lo anterior el presidente insta, para mal de todos, una oscuridad.

Cierto que le faltan 5 años de ejercicio, y dentro de ellos bien puede lograr que las reformas y adiciones vigentes se conviertan también en positivas y que, así, se cumplan de manera cabal.

Sin embargo, nos nace la duda a no pocos mexicanos de si dichas reformas se encuentran debidamente orientadas para resolver nuestros problemas, y no para acrecentarlos. Esta incertidumbre el tiempo la está despejando.

Un logro fue el establecimiento del Pacto por México. Las tres principales fuerzas partidistas del país se sumaron a él. Esto fue esperanzador para todos; pero el avance del Ejecutivo federal se atascó en esa junta de notables, ahora por desaparecer, pero agudizando la partidocracia, y cerrando posibilidades para que entraran a ese pacto organizaciones sociales con mayor representatividad en nuestra población.