Patricia Gutiérrez-Otero

 Cuautinchan es un pequeño poblado en el que quedan pocos vestigios del pasado; está situado en el Estado de Puebla. En el pueblo sobresale un antiguo convento franciscano llamado San Juan Bautista que data del siglo XVI. De estilo renacentista el convento fue diseñado por Francisco Becerra arquitecto español y se terminó en 1590. Uno de sus principales atractivos es el retablo atribuido al pintor flamenco Simón Pereyns. Sin embargo, llaman la atención los dichos que se encuentran escritos en el pequeño claustro que frecuentaron los franciscanos. Su profundidad se aúna a un gran sentido común desprovisto de toda intención moralista o pía y animados por un sentido de la bondad que seguramente animaron a la comunidad de franciscanos. Los dichos recuerdan más a los libros de sabiduría de la Biblia que a los catecismos de Ripalda. Nadie parece dar razón de quién los redactó ni de quién los escribió en el claustro de los religiosos en un español arcaico y con un espíritu absolutamente franciscano. Comento aquí algunos de ellos:

“Jamás se castigue una cosa sin que se perdonen cuatro”. El perdón prima sobre el castigo, es mejor perdonar varias veces antes de castigar. El castigo es un remedio posterior al perdón.

“Dolor por lo que se castiga y gran alegría por lo que se perdona”. Castigar causa dolor en quien castiga por aquello por lo que se debe castigar, no causa gozo; por el contrario el gozo viene cuando hay que perdonar algo. Perdonar es causa de alegría, y no lo contrario.

“Recibir beneficios es vender la libertad”. Esta es una maravillosa reflexión sobre la pérdida de libertad que causa en alguien o en un grupo el hecho de recibir beneficios o favores o algún otro tipo de patrocinios. Deber algo a alguien resta libertad al deudor.

“En la prosperidad sé templado y en la adversidad, prudente”. Buena recomendación para los vaivenes económicos. Contra el derroche al que invita una situación de riqueza, el dicho invita a la medida y a la templanza; y contra los arranques a los que puede llevar la adversidad como robos, abusos de confianza, tranzas, se recomienda la prudencia que evitarán daños mayores.

“La nobleza no recibe injuria”. Este dicho es una joya. La nobleza de carácter de una persona es incapaz de sentirse insultada por otro. Está más allá de las vilezas a las que caen quienes no poseen esta nobleza, concepto que se ha perdido en nuestra cultura actual.

“Vivir en la carne fuera de la carne no es vida humana, sino angélica”. Para un religioso o para muchos que buscan una vida espiritual esta advertencia indica que para el ser humano no hay de otra que vivir en la carne, somos seres carnales, no somos seres angelicales, no podemos jugar a ser ángeles.

“La castidad sin caridad es lámpara sin aceite”. La primacía de la caridad es exaltada sobre cualquier otra, incluso la castidad, que para los cristianos, y en particular los frailes, es un fin. Esta castidad no vale nada si carece de amor.

“Mal viven los que siempre piensan vivir”. Buen dicho para recordar en esta sociedad en la que la muerte se niega y se evade a través de los avances médicos. La muerte, como diría Heidegger, da sentido a la vida.

Antiguos dichos que pueden iluminarnos hoy.

Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se detengan las mineras, que se revisen a fondo y dialógicamente todas las reformas impuestas por el gobierno, que no se entreguen los hidrocarburos en manos privadas.

 

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