Voz polifónica
Roberto García Bonilla
Desde la invención de la imprenta, a mediados del siglo XV, nunca ha sido más fácil producir un libro como ahora; esta afirmación puede ser engañosa hasta la falsedad sin la presencia de un editor, cuyo saber no se restringe al conocimiento maquinal y superficial de proceso editorial. La presencia del editor es nodal en la historia del libro y de las publicaciones impresas, aunque ahora hay quienes creen que el trabajo del editor no es una profesión sino sólo una función; incluso se llega a suponer que con los softwares de editor, son prescindibles los editores y las editoras.
La profesión de editor es el alma de la vida de un libro a partir del momento en que un autor entrega su original a una editorial; se inicia entonces un largo y minucioso proceso que va de la dictaminación del texto para su aceptación hasta la salida del texto de la imprenta. Este proceso se ha transformado de manera radical en los últimos años con las nuevas tecnologías y los sistemas de autoedición. La presencia de los libros digitales y la producción de los libros por demanda eran impensables hace medio siglo.
Para dar cuenta de la significación e implicaciones de la profesión de editor nos referiremos a un editor excepcional en el México contemporáneo: Adolfo Castañón (1952) quien inició su carrera como hacedor de libros hace cuarenta años en el Fondo de Cultura Económica, cuando ya tenía un largo recorrido en las letras y en los libros. Aprendió y heredó la pasión por los libros de su padre, el abogado y bibliófilo Jesús Castañón Rodríguez, cuya biblioteca fue uno de los más grandes estímulos en la vocación de un horizonte casi inabarcable para una mirada ordinaria: Adolfo Castañón es uno de nuestros ensayistas vivos esenciales. Ha crecido como editor en la traducción, actividad que ha permitido la jerarquía, función y alcances del libro en el devenir humano. Es académico de la lengua desde 2005; investigador en la UNAM y El Colegio de México; es promotor de las letras en radio y televisión (Radio Imer y TV UNAM). Colabora regularmente en las publicaciones más representativas de nuestras letras y es autor de más de medio centenar de libros. Si existiera el ideal de intelectual, Adolfo Castañón lo encarnaría.
En Trópicos de Gutenberg. Escenas y mitos del editor (Trama editorial, distribuido en México por la librería Bonilla), reúne textos en torno a una de las labores más edificantes de la cultura y en no pocos sentidos, incomprendida en las sutilezas que entraña. Este libro está lejos de ser un manual; tampoco es una historia fragmentaria de la edición ni un breviario sobre los temas contenidos en los títulos. Esta es una suma de reflexiones y conversaciones con un diálogo abierto a cada lector y nueva lectura. Destellos de la biografía del editor —que es director editorial de Siglo XXI Editores— se integran en rompecabezas en estos textos estimulantes para lectores especializados materias afines a la edición y al tema central de la lectura, rodeados de tantas verdades a medias y mitos acuñados por las mismas instituciones. La pluralidad de tópicos coexiste con la unidad estilística; convergen la imaginación que llevará al asentamiento de ideas, a su vez, punto de partida del trabajo escritural y implícitas labores.
La corrección del autor es fundamental —puede ocupar tanto tiempo como la escritura— antes de las necesarias tareas de los correctores que en sentido más amplio definió la RAE desde su formación (“limpia, fija y da esplendor”). En la lectura puede sentirse a un mentor activo que va de la jovialidad a la gravedad. Sus definiciones se inclinan hacia la profundidad de vastos horizontes: “Si la edición presupone una acumulación compleja de saberes, el editor presupone o debe traer junto así, como una sombra, un bagaje de experiencias y de técnicas. No hay editor en general: todo editor se da como un caso particular de editor de un tipo de libro, de un cierto tipo de catálogo —palabra muy particular—. El editor es tanto el individuo que edita o hace libros como la empresa que los hace […] A medida que se han desarrollado los lenguajes del saber y de la comunicación, las voces ‘editor’, ‘edición’ han ido más allá de las culturas del libro”.
La de Castañón aquí es una voz polifónica que desliza varias líneas discursivas simultáneas en consonancia y puede leerse como se escucha una fuga musical con temas o sujetos reiterativos: la biblioteca como centro del mundo personal y colectivo, Cervantes, Don Quijote, el barroco, los libros; el editor y la edición como parte de la historia; el archivo como lugar cuasi sacro de la preservación; la lectura, incluso, como obra de arte; la traducción; el magisterio de escritores, ejemplificado en George Steiner, milagroso filósofo de la lectura —a quien Castañón ha traducido—; las antologías y las obras completas como conceptos y realizaciones; el libro en el ámbito digital; la industria editorial. Ensayo crítico, reflexión compartida y crítica sobre la realidad nos conducen a observar de cuerpo entero el mundo de la edición en México (por ejemplo A la sombra de los libros. Lectura, mercado y vida pública —2007— de Fernando Escalante).
Trópicos de Gutenberg nos sumerge en el mundo de la edición y temas afines e irrecusables; nos esboza los confines insondables de la lectura, la edición de textos y los libros.
rgabo@yahoo.com
Adolfo Castañón, Trópicos de Gutenberg. Escenas y mitos del editor, Trama editorial, Madrid, (prólogo de Alejandro Katz), 2012.
