Luis Videgaray
Carlos E. Urdiales Villaseñor
La revista británica The Banker reconoció al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, como el Secretario de Finanzas del año a nivel global, por su papel en el logro de reformas estructurales para México durante el año pasado. Ésta es la primera ocasión en que un secretario de Hacienda mexicano recibe tal distinción y el propio doctor Videgaray señaló que el reconocimiento es para las políticas públicas del gobierno mexicano impulsadas para mover y transformar el país en aras de mayor crecimiento y bienestar de todos.
Y sí, el nombramiento puede representar lo que sea que se quiera interpretar, pero el verdadero reto en 2014 sigue siendo transformar esos brillos exteriores en luz interior, en hacer que las reformas alcanzadas durante el primer año de gobierno aterricen con leyes secundarias que conviertan en realidad sus grandes enunciados e intenciones.
Durante su primer año de trabajo, el ahora secretario de Hacienda del año, según la prestigiada The Banker, la economía del país creció muy por debajo del pronóstico que su propio equipo elaboró en diciembre de 2012 —del 3.5% a un duro 1% al final del año y aún falta que esto último se confirme—. En materia de crecimiento, generación de empleo, consumo y bienestar, el laureado funcionario quedó a deber.
El INEGI informa que durante el mes de diciembre el Índice de Confianza del Consumidor alcanzó su nivel más bajo desde hace dos años y medio. La percepción de la población respecto al mejoramiento de su economía ha caído y el horizonte no pinta mejor expectativa.
Le corresponde no sólo al doctor Videgaray, ni exclusivamente al Ejecutivo, hacer que el aplauso exterior tenga una concordancia mínima en el interior. La tarea debe ser asumida por el Poder Legislativo en la medida que sean capaces los diputados y senadores de mantener la agenda nacional por encima de sus agendas partidistas.
A México nunca le han faltado razones para fundamentar esperanzas por mejores escenarios sociales y económicos, hay fundamentos recientes y pasados para documentar el optimismo: la vecindad con la todavía mayor economía del mundo que se recupera, un amplio catálogo de tratados comerciales que hacen de nuestro mercado uno con alcances globales, la industria automotriz que alcanza el cuarto puesto a nivel mundial como fabricante y exportador, el turismo, las potencialidades de la reforma energética, la consolidación de actores económicos privados, la apertura en telecomunicaciones y mucho más.
También se puede documentar lo opuesto, el pesimismo, o al menos su cara menos radical, el escepticismo: ¿qué pasó con la industria ferroviaria nacional una vez que se decidió abrir al sector privado? Nada. ¿Qué fue de la primera privatización bancaria? El Fobaproa. Y carreteras, minas, ingenios, constructoras, aeropuertos…, por el estilo. Pasar de los discursos promisorios a las realidades a secas siempre ha sido un trance complejo.
@CarlosUrdiales
