Rafael López
Para los Buendía Salazar y Grabi Asche,
en el luminoso verano de 2013
San Juan Bautista
Llegan los chamulas a la hora puntual;
tanta alegría hay en sus miradas,
que el mercado mueve olas agitadas.
Fervores de siglos dan vida al ritual.
En la iglesia doliente y occidental,
santos protegen sus almas sagradas;
hincados piden justicias negadas
frente a altares, velas y aroma a copal.
Graves mayordomos guían la procesión;
cruces y juncia ponen a la vista
y un antiguo canto cambia la oración.
Aquí, en el templo San Juan Bautista,
ante un chamán invocando sanación,
a ellos se une un comunista.
Tziscao
El lago es un diamante de agua y jade
bajo la luz purísima del cielo;
el bosque lo oculta con suave velo,
mientras de azul la montaña se enciende.
El chubasco precipita la tarde
aunque el sol reta, pendenciero, a duelo.
Avanzan las nubes a ras del suelo
dibujando apenas la alfombra verde.
Abajo está la línea fronteriza
por donde cruzan los mayas hermanos,
cruza el café, el quetzal y el cacao.
¿A quién importa trabajar sin visa
si hay consentimiento entre humanos?
Empieza a soplar el viento en Tziscao.
Las Nubes
La carretera sigue hasta Las Nubes,
una metáfora hecha realidad,
mana el agua voces en la inmensidad,
bullicio que oyes hasta que subes.
Parecía que llegaban querubes,
mas se alza la militar autoridad,
-prueba de guerra de baja intensidad-
intimidándote en varios retenes.
Más adelante están los municipios
donde construyen, hombres y mujeres,
un movimiento de hondos murmullos.
Siembran libertad, dignidad y amores,
cuidados con paciencia y principios,
escuchando el mandato de los suyos.
Palenque
Pancho Sánchez, el noble niño tzeltal,
trabaja como guía en este lugar;
a veces se cansa y se pone a jugar;
su mundo es el mundo del sabio Pakal.
Conoce bien la zona monumental,
porque arqueología imagina estudiar,
también al gran Ruz Lhuillier quiere emular,
lo cita y lo expone con chispa vital.
A nadie importa su figura enclenque,
confundida en el grupo de infantes,
moradores alegres de Palenque,
hasta que narra historias brillantes
-El Templo de las Inscripciones- sin que
le tiemble aquí la voz, ni por instantes.
