Además, voluble
René Anaya
Al 16 de enero de este año se habían diagnosticado 556 casos de influenza en el país, contra los 270 que se registraron en 2013 en el mismo periodo. Asimismo, en 2014 ha habido 32 defunciones, 433 por ciento más que en 2013 en los primeros 16 días, cuando hubo seis. Sin embargo, estos datos no inquietan a Pablo Kuri Morales, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, quien refirió que se espera un aumento de casos similar al de 2012, cuando hubo 8 204 casos y 322 defunciones, frente a los 3 867 de 2013.
Se trata de un aumento semejante al que se está presentando en los Estados Unidos, donde el virus A (H1N1) también es el que más enfermos de influenza ha causado, por lo que a pesar de que ya se le considera estacional, no ha dejado de representar un riesgo epidemiológico.
De los más cambiantes
Los virus de la influenza son de los más cambiantes que se conocen, pertenecen a la familia de los Orthomyxoviridae, sus miembros se clasifican en tres tipos: A, B y C. Los primeros causan enfermedades más graves que los B y C, su aspecto externo es parecido al de un chayote con espinas, solo que las “espinas” son de dos formas distintas: la hemaglutinina (H), que aglutina o reúne a los glóbulos rojos alrededor del virus y es responsable de fusionarse con las células, y la neuraminidasa (N), que neutraliza el sistema de defensa celular. De la H se conocen 16 subtipos (de H1 a H16) y de la N son nueve (de N1 a N9), los cuales determinan la cepa del virus.
Además de H y N, cuenta con seis segmentos: M (proteínas M1 y M2), NP (nucleoproteína), NS (proteínas no estructurales), PB2 (transcriptasa), PA (transcriptasa) y PB1 (transcriptasa y proteína que induce la muerte celular). Esos seis segmentos pueden provenir de diferentes virus de la influenza, no solamente humana, sino también porcina y aviaria.
Por esa característica, el nuevo virus A (H1N1) de la pandemia de 2009, que actualmente es estacionario, se considera que surgió en 2008, con gran capacidad de transmisión y combinaciones nunca antes vistas. Su antecedente se remonta a 1998, cuando el virus de la influenza porcina clásica se combinó con un virus de la influenza humana y con otro de la influenza aviaria americana; el virus resultante se llamó rH3N2, la r nombra el origen del virus: una recombinación de tres.
Este virus, a pesar de tener partes de virus humanos y aviarios solo infectó a los cerdos de Norteamérica, pero por su “promiscuidad” o capacidad para mezclarse probablemente dio origen a variantes triples recombinantes porcinas. Aparentemente no corríamos ningún riesgo, pero en 2008 el virus con antecedentes en los triple recombinantes, surgió entre humanos con gran capacidad de transmisión y combinaciones nunca antes vistas.
Un coctel viral peligroso
El rompecabezas promiscuo finalmente se armó. Los segmentos N y M procedían de un linaje de virus porcino eurasiático, el cual derivaba, a su vez, del de la influenza aviaria que en 1979 atacó a los cerdos. Lo extraño es que no se había detectado antes fuera de Eurasia.
Los segmentos H, NP y NS eran de un linaje relacionado con el virus de la influenza porcina clásica, mientras que los segmentos PB2 y PA provenían del linaje relacionado con los virus triple recombinantes porcinos. La última pieza del rompecabezas, PB1, también procedía de los triple recombinantes, pero su origen era ligeramente diferente a PB2 y PA.
Todos esos segmentos ya eran conocidos, lo que nunca se había visto era esa cuádruple combinación que lo hace nuevo y que causa preocupación, pues se ignora cómo será su comportamiento posterior. El virus pudo haber circulado desde hace algunos años entre los cerdos sin que fuera detectado, hasta que atacó a la especie humana.
Tal vez lo más preocupante sea que muchos de los marcadores moleculares, que se sabe están asociados a la capacidad de adaptarse a seres humanos y a la generación de pandemias, que estaban presentes en los virus de la gripe española y de la aviaria (H5N1), no se encuentran en la A (H1N1). Tampoco se han localizado proteínas que se asocien con la capacidad del virus para producir la enfermedad (patogenicidad).
Estos datos, según han señalado los especialistas, sugieren que debe haber nuevos determinantes moleculares responsables de la replicación y transmisión del virus en humanos. Así, nos encontramos con un enemigo desconocido que debe vigilarse muy de cerca, para aprender más sobre su genética, y sobre las armas con que se le pueda combatir.
Por lo tanto, las autoridades sanitarias deberían estar más atentas al brote de estos casos de influenza, con la finalidad de proporcionar información oportuna y confiable a la población.
Con información del libro El enigma de los virus.
El caso de la influenza A (H1N1), de René Anaya.
reneanaya2000@gmail.com
