Tierra Caliente, Michoacán
Teodoro Barajas Rodríguez
Vehículos incendiados en gran cantidad, balazos en lluvia, temor que no amaina; tales son las constantes que se viven en el apocalipsis de la Tierra Caliente michoacana, lamentablemente estos sucesos hace mucho tiempo son la noticia cotidiana, la solución no debe dilatar o el tejido social terminará erosionado por completo.
Los rasgos de un Estado fallido saltan a la vista, dicen que es un fenómeno geopolítico similar al que se vivió en Colombia hace algunos años, grupos de autodefensa haciendo lo que en teoría y constitucionalmente le correspondería al gobierno.
Esta no es una cuestión para mirarla bajo la influencia de los colores partidistas, estoy seguro que la mayoría de afectados en Michoacán ni tienen militancia, pero sí requieren de atención integral ante la escalada de violencia sin precedentes.
El fuego en Apatzingán incineró parte de la sede del Ayuntamiento, una biblioteca y negocios privados, noches largas se viven en ese sitio emblemático de Michoacán y de la historia nacional. Las confrontaciones entre grupos de civiles ante la mirada pasiva de efectivos policiales se extendieron a Uruapan, la segunda ciudad más importante de Michoacán, con todos los efectos y consecuencias negativas.
¿Qué hacer como ciudadanos que estamos impedidos para perseguir delincuentes? Porque se entiende que ello compete al Estado, si nos atenemos al orden jurídico fincado en nuestra Carta Magna. Sin duda que esa interrogante nos remite a la educación, los valores, esas herramientas útiles si deseamos combatir esta crisis.
Hace ya muchos años que Michoacán se ha situado en medio de un gran huracán de efectos devastadores, la violencia ha detonado, ello viene aparejado con la impunidad porque no se aplica la norma y resulta grave saber que en muchos ya se ha perdido la capacidad de asombro, en muchos más está en peligro de extinción. La inseguridad petrifica en muchos casos.
Más reuniones de funcionarios federales y estatales, condenas y promesas, si todo ello fuera concreto, tangible y frontal seguro se avanzaría, pero no es así. La gente de la Tierra Caliente, principalmente, desea certezas, claridad, soluciones.
No dudo de las buenas intenciones de los gobiernos estatal y federal, solo que estas deben ser traducidas en acciones más allá de firmar documentos, acuerdos o convenios; todo ello debe pasar de los papeles a la praxis o, caso contrario, los conflictos se van a esparcir para presagiar más violencia.
Dicen algunos que hay entidades federativas que tienen estadísticas peores que Michoacán en materia de seguridad, como si eso fuese un consuelo para las víctimas, no es momento de comparaciones, ni de revisar indicadores, urge solucionar el tema de la violencia en clara simbiosis con la impunidad, eso es lo realmente importante.
Esperamos mejores días en Michoacán, la casa común de millones de mexicanos hermanados por una identidad que trasciende colores, credos o condición social, no podemos perder el presente porque implicaría no tener futuro, Es ahora o nunca.
