CHARLAS DE CAFÉ

 

Charla con Porfirio Muñoz Ledo/Autor de Memoria de la palabra. Sentencias políticas

Eve Gil

Porfirio Muñoz Ledo, que prácticamente no requiere presentación, no se anda por las ramas cuando reconoce que su más reciente libro Memoria de la palabra. Sentencias políticas (Debate, México, 2013) es “un libro del editor con frases mías”.

“Varios amigos me habían sugerido que sacáramos el extracto de cosas que he dicho y escrito; definiciones sobre cuestiones políticas, culturales o sociales del país —señala el político mexicano, a quien resulta imposible (como se verá a continuación) entrevistar exclusivamente en su papel de autor de un libro de aforismos—. Era muy difícil recoger todo lo que he dicho oralmente, porque a las palabras se las lleva el viento, pero había varias que la gente tenía muy presentes y me las recordaban constantemente: en tales y tales circunstancias usted dijo esto. Entonces tuvimos que adoptar el método de ir sobre mis artículos, mis escritos. La selección corre a cargo del editor”.

Izquierda e ideología

El hoy coordinador del Frente Amplio Progresista y comisionado para la reforma política del Distrito Federal no es ajeno en lo absoluto al ámbito de los libros, y para muestra están estos títulos de su autoría: Compromisos, La sociedad frente al poder, Por una nueva Constitución, Sumario de una izquierda republicana, La reforma del Estado, La reforma que viene y La vía radical.

Uno de los temas más recurrentes de Memoria de la palabra es la izquierda como ideología y el papel que ha jugado en la sociedad desde que, durante la Revolución Francesa, los políticos más radicales optaron por sentarse del lado izquierdo. Entre otras frases, trabajadas aquí a manera de aforismos, se lee: “Los grandes movimientos intelectuales que provienen del pensamiento crítico, a partir de Copérnico, a partir de Galileo, a partir de la Ilustración, son movimientos internacionalistas, por eso la izquierda es internacionalista (…) La derecha siempre ha sido localista y cuando más expansionista”.

Y Muñoz Ledo reitera, ya en persona. “Son los que quieren cambio social, los que quieren la igualdad, los más avanzados en derechos humanos, en distribución del ingreso, en todos los principales temas de la vida política del país. Es una manera de pensar. Hay políticos que se autoproclaman de iquierda, pero son más o menos de izquierda según las circunstancias”.

En este libro Muñoz Ledo ha destacado el eterno “amasiato” entre PRI y PAN en la toma de decisiones que la gran mayoría de las veces han perjudicado el país, pero le hago ver que quienes nos consideramos abiertamente “de izquierda” estamos terriblemente contrariados ante el hecho de que, en los últimos meses, pareciera que el PRI cambió a su “eterna querida” (palabras mías) por otra, que es precisamente el PRD, que ha respaldado prácticamente todas sus decisiones —léase, reforma hacendaria— sin chistar:

“Lo que pasa es que el PRD se sumó, y ahora es un pacto de tres —responde sin pestañear—. Por eso también realizan alianzas, para obtener mayorías calificadas. Naturalmente, hay militantes del PRD y de la izquierda, como López Obrador, que no están a favor de esto. Marcelo Ebrard también se ha pronunciado abiertamente contra algunos aspectos del Pacto… ¡lo mismo yo! Hay elementos de ese Pacto que son positivos, eso hay que decirlo”.

Constitución muy parchada

Al respecto, le comento mi extrañeza ante el hecho de que en la última parte de su libro, donde se recogen expresiones sobre diversos personajes, desde Carlos Monsiváis hasta Felipe Calderón, no aparezca ninguna alusión a aquel junto al que ha vivido la mayor tormenta de su trayectoria política: Andrés Manuel López Obrador, por lo que procede a realizar la definición del mismo:

“Es un gran luchador social, con muy altas convicciones y un carácter muy bien asentado que está luchando por la transformación de la república, en los términos en que ha entendido una recuperación de la soberanía, que mucho hemos perdido. López Obrador es uno de los grandes dirigentes de nuestro tiempo”.

Y aunque ya ha escrito abundantemente sobre el tema de la urgencia de cambiar la Constitución, pero cambiarla en serio y a profundidad, el tema sale a relucir nuevamente en Memoria de la palabra.

“Ha venido parchándose la Constitución de 1917. Más de 500 modificaciones. Hay cosas en verdad obsoletas. He insistido, desde hace muchos años, en trabajar para tener una Constitución moderna en México. La mayoría de los países del mundo tienen Constituciones contemporáneas”.

“Tenemos que hacer primero una Constitución para la ciudad de México, y después, embarcarnos en la empresa de realizar una Constitución nacional. No modificarla completamente, porque tiene principios inmodificables que son fundamentales para el bienestar de la nación, pero hay contradicciones, yuxtaposiciones… un espíritu muy reglamentario”.

Rectoría estatal sin afectar legislación laboral

Uno de los aspectos más descuidados, no tanto por la Constitución sino por quienes tienen la obligación de hacerla efectiva, es la educación, tema que se lleva el mayor número de páginas en Memoria de la palabra… probablemente uno de los temas más sensibles y dolorosos, le comento a Muñoz Ledo, porque vemos a los niños y a los jóvenes abandonados al arbitrio de caprichos sindicales y políticos que nada tiene que ver con ellos y el futuro de la nación:

“Creo en la rectoría educativa del Estado, pero creo también que deben respetarse los derechos laborales de los maestros. La educación es una tarea de largo aliento, exige una formación mejor o más adecuada también a nuestros tiempos; la educación permanente de los profesores, que requiere un sistema de ascensos y para eso sí es necesario una sacudida muy fuerte. Claro, no todo lo que se ha hecho está bien, pero espero que pronto haya un plan más amplio para la reforma del sistema educativo que nos involucre a todos”.

Y ya que menciona la cultura, y que en su propio libro se nos revela como un gran lector —la antítesis del político actual, incluidos los de la izquierda— le pido que ahonde en este tema:

“Mis autores favoritos han variado con las épocas. En la infancia y juventud uno lee los clásicos, como parte de la formación. Clásicos latinos y latinoamericanos y mexicanos. He consumido mucho ensayo y tuve gran afición por la poesía, aunque por desgracia la actividad política me ha impedido seguirla frecuentando. Estoy terminando de leer una biografía de Maquiavelo, un poco fabulada en algunos aspectos, y estoy leyendo todos los libros que presento.

Para concluir, apunta que está por revisar “las memorias que me hizo la Universidad de Los Ángeles, una memoria oral, una conversación” y planea otro libro, que quizá sea un colectivo, sobre la experiencia de México en los años de la transición.