Carmen Galindo

En su libro Patrimonio intangible: Hábito, costumbres y expresiones populares, Héctor Anaya plantea, no la identidad en abstracto, sino en concreto y en pocas palabras, pues propone que radica en las costumbres, (que incluyen, entre otras, la comida y la vestimenta), las tradiciones culturales y sobre todo, lo que desvela al autor, las expresiones populares, vale decir los refranes y en general, el habla del trajín diario.

            En la esquina contraria a la identidad nacional se colocan la modernidad, la posmodernidad y hasta el supuesto fin de la historia que postuló, nada inocentemente, Francis Fukuyama. En otros términos, la mentada globalización. Nos encontramos, pues, nada menos que con los Estados Unidos, el imperio en persona, que intenta quitarnos y aquí le hace segunda Héctor Anaya a Pedro Infante: “hasta el modito de hablar”.

A la ofensiva, los partidarios de la globalización nos acusan, a Héctor, a usted y a mí, de provincianos, aldeanos, chauvinistas (por cierto, apellido francés) y cuando se les acaban las palabras inventan lo de “globalifóbicos”.

            Los medios de comunicación, del radio a la prensa, pero sobre todo la televisión y más precisamente Televisa, impulsan este modelo desnacionalizador y tratan de imponer un modelo de “inspiración” estadounidense que queda como mandado a hacer con la globalización.

¿Qué es la globalización?

Un breve paréntesis para plantear qué es la globalización. Héctor no lo precisa, pero mi hermana Magdalena, que es economista, sí. La globalización es la fábrica planetaria, los departamentos de una empresa diseminados en los distintos países. Es decir, que de la camisa que usted trae puesta, la tela haya sido hecha con algodón egipcio, los botones provengan, la materia de un lugar de África y la hechura de Singapur, mientras los cuellos y las mangas fueron maquilados por costureras de Tijuana o Ciudad Juárez. Eso es lo central, me precisa mi hermana. A nuestros ojos parece lo visible, el mercado: sea el Mercomún europeo, el Tratado de Libre Comercio, el corredor Asía Pacífico. A ese proyecto globalizador le estorban los nacionalismos, y entre ellos, el más profundo de todos: nuestro “modito de hablar”. Por eso, lo que plantea Héctor Anaya es no sólo divertido, no sólo importante, sino fundamental.

            Cuando pasamos de un milenio al otro, me hablaron de una estación de radio y me preguntaron  cuál era, en mi opinión, el fenómeno cultural más importante del silgo XX y contesté sin titubear: el neonomadismo, es decir, las corrientes humanas de trabajadores que viajan en busca de trabajo a otros países. El choque de culturas, entre la cultura receptora (Estados Unidos, Alemania o Francia y Japón) y la de los migrantes que llegan, con su cultura a cuestas, de Perú, de El Salvador, de Argentina, de España, de Grecia. de México, de Etiopía, Libia o Egipto. El concepto hispanos, reúne, en los Estados Unidos, por la lengua española, a salvadoreños, guatemaltecos o mexicanos.

Los refranes nuestros de cada día

El american way of life porque tiende a uniformar, y con esto vuelvo al planteamiento de Héctor mediante esta cita que él convoca: “supone una perdida para toda la humanidad que tiene en la diversidad de culturas uno de sus más valiosos tesoros”. Y los refranes sostiene Héctor Anaya son una expresión propia, tradicional.

            Carlos Fuentes, en su novela Cristóbal Nonato, se divierte traduciendo refranes mexicanos al inglés y Héctor, en el libro que comentamos, le sigue el juego y traduce otro montoncito, con ayuda de Blanca Pardo, Nayeli Manzano y Xochitl Bustos, al inglés, al francés y ¡al griego! Con la lúdica propuesta de que los jóvenes de ahorita, con el prestigio añadido de la traducción, se animen a usarlos.

¿El nacionalismo kaput?

Anaya nos recuerda que por su número de hablantes, el que ocupa el primer lugar es el chino mandarín, el segundo el hindi (de la India), el tercero nuestro español y enseguida el inglés, pero resulta que por el dominio económico de nuestros vecinos, todo mundo elige como segunda lengua, es decir aparte de la materna, el inglés que se ha convertido entonces en la lengua franca, vale decir con la que podemos entendernos cuando hablamos distintos idiomas. Hemos visto a los presidentes de México hablar en inglés, aunque, como Fox, no lo hablen. El peligro es internalizar, dice Héctor y citando a Marcuse concluye: “pensar en inglés aunque se hable en español”.

            Héctor Anaya toma la magnífica frase de Carlos Monsiváis de que es la primera generación de yanquis nacidos en México para bromear en este párrafo de Héctor que me encanta: “Son generaciones dispuestas a dejar de vivir en el error, para quienes, efectivamente, la historia es over, la ideología también ya finish, c’est fini, y en consecuencia, el nacionalismo kaput. El monolingüismo es igualmente cosa del pasado, ya no se diga las costumbres antiguas de los indios”.

La lengua en la mira

La tradición sería una forma de pensar y de sentir propias, pero al contrario de lo que se piensa, la tradición no permanece estática, cambia, por la simple y sencilla razón de que es histórica. Los indios del continente en una reunión comentaron que sus lenguas tenían que ampliarse para incorporar vocablos de las nuevas tecnologías. Don Daniel Rubín de la Borbolla nos aconsejaba no sorprendernos porque las artesanías fueran cambiando al plástico, ya que era el material más a mano de la gente.

            Conciente de todo esto, Héctor Anaya, sin embargo, escribe: “Cuando alguien deja de utilizar manifestaciones propias de su lengua, refranes, dichos, juegos verbales, expresiones idiomáticas y ya no celebra las fiestas o deja de observar ciertas prácticas de la cultura popular y nacional, las costumbres mueren, la tradición se suspende, ya sea por el olvido, el desprestigio, la devaluación o la sustitución”. Y concluye Héctor con esta frase de advertencia: “Muere, sobre todo, porque alguien la asesina”,

            Y para terminar, estas líneas de Héctor Anaya: “… destaca el filósofo español (se refiere a Fernando Savater) el lenguaje que como se ha visto líneas atrás, es el principal blanco de la acometida del país imperial ya que por ese medio intenta modificar o anular las tradiciones y costumbres nacionales”. Ojo, pues, a defender nuestro idioma, porque es el modo de defender a la nación.