Basta ya de indígenas y campesinos marginados

Alfredo Ríos Camarena

En el año que concluyó, se sentaron las bases de diversas reformas trascendentes, muchas de ellas constitucionales; estamos lejos de su aplicación, pues faltan numerosas leyes secundarias, la capacidad de ejecutarlas y el equipo político que deberá hacerlo; hasta ahora, los cuadros que componen el gobierno federal no han demostrado, al menos no todos, calificación suficiente para impulsarlas, y como todos los años, se corren rumores de probables cambios en el gabinete, sin especificarse qué funcionarios podrían ser sustituidos o enrocados.

De hecho, sólo durante este año han tenido acciones relevantes por la enorme fuerza que se les ha conferido los secretarios de Hacienda y Gobernación. De los demás, aunque frecuentemente aparecen en los medios,  no se ha podido establecer hasta qué punto pueden o no con la función encargada.

En el próximo periodo ordinario de sesiones del Congreso, además de las leyes secundarias, se abren nuevas expectativas de cambios especialmente en lo referente al marco jurídico en el campo, pues la producción agroalimentaria que constituye un tema de la más alta prioridad, parece abandonada, los pequeños propietarios los ejidatarios y los comuneros, viven un horizonte incierto, ya que sólo el cinco por ciento de éstos tiene éxito económico por la calidad de sus tierras y la exportación de sus productos.

Si en los demás temas no está claro quién puede resolverlos, menos aún en el tema del campo,  donde el equipo presidencial carece de expertos que entiendan el sentido de la propiedad social y su participación productiva, lo que puede llevar a conclusiones equivocadas que flotan en el ambiente de quienes siempre han criticado al ejido y a la comunidad; a éstos, les estorban los campesinos y los indígenas, sin entender que representan una gran mayoría del territorio agrícola y ganadero y sin acabar de comprender  la razón estructural de su abandono y su miseria.

Por eso este año se requiere un diagnóstico serio que le dé impulso a la producción alimentaria que es eje fundamental para el futuro del país; tienen que encontrarse fórmulas que permitan la asociación de los campesinos con el Estado y, en algunos casos, con la iniciativa privada para aprovechar la inmensa riqueza de nuestra agricultura. Se requiere una política hidráulica sólida y sobre todo darle un nuevo aliento al campesinado mexicano que tiene ya décadas en la desolación y la desesperanza.

Una de las probables decisiones puede ser la realización de grandes complejos agroindustriales que le den sentido a una mejor producción sin marginar a los propietarios originales,  sino incorporándolos a plenitud, dándoles mayor valor agregado a sus  productos.

En 2014 las reformas continuarán y ésta, la del campo, es fundamental, basta ya de indígenas y campesinos marginados.