Vaya cinismo

René Avilés Fabila

Desde hace unos días, ante la indignación de la población y de algunos medios que mantienen el decoro y la dignidad ante el poder, circulan spots donde niñas y niños, la mayoría de origen modesto, en algunos caso de procedencia indígena, van a la Cámara de Diputados y con sus caritas sonrientes les dan las gracias a una larga serie de legisladores que se han hecho célebres como charlatanes y corruptos (claro, no todos, sólo la mayoría). Si antes los caricaturistas los dibujaban como empistolados y con sombrero, gordos y con bigotes estilo revolucionario, ahora a todos se les ve elegantes, dueños de comitivas de escoltas, guardaespaldas y mucho dinero producto de las trifulcas que allí arman, sobre todo los perredistas y los panistas.

Lo que deberían hacer los diputados son nuevos promocionales donde ellos vayan a las comunidades rurales y a las zonas urbanas marginales a pedirles perdón: primero por los insultantes sueldos que ganan y enseguida por su incapacidad para resolver los problemas nacionales. Pedirnos perdón a todos por la bajeza a la que han llegado sus intervenciones en tribuna, por los escándalos que hacen, porque se desnudan públicamente diciendo que eso es protesta cuando simplemente es prueba de vulgaridad y mal gusto.

De nuevo uno se pregunta, ¿cuánto habrán gastado los diputados en esos anuncios canallescos, donde tergiversan las cosas? Es su trabajo solucionar los problemas, crear leyes que nos ayuden realmente a sortear los muchos baches que padecemos. Vivimos en un país costoso donde los servicios y los impuestos son muy elevados y los salarios ridículos, un país de muchos multimillonarios, y millones y millones de pobres. Entiendo que muchos de ellos están ya cerca de los bien afortunados y que por ello tendrían que ser menos prepotentes y no tan demagogos. No puedo creerlo. Las fotos muestran niñas y niños felices, gozosos, agradeciéndoles a soberbios hombres y mujeres que pasan allí plácidamente la vida, todo lo que les debemos los mexicanos. Vaya cinismo. Ni siquiera tienen sentido autocrítico y, eso sí, una enorme capacidad para la demagogia.

Las muchas comisiones de derechos humanos, en lugar de salvar a los marchistas, los manifestantes, los que invaden el DF para destruirlo y trastornar la vida de millones de personas, llenarnos de basura, desquiciar el tránsito y demás calamidades que les parecen graciosas y democráticas, deberían pensar en las atrocidades que los legisladores llevan a cabo al contar con recursos ilimitados, todo proveniente de los que sí pagamos impuestos y además los padecemos.

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