Inaugurada una nueva era presidencial, “se espera” que la impunidad abra paso al esclarecimiento de aquellos hechos oscuros y funestos que han rodeado algunas decisiones presidenciales en materia de transporte. En este orden y por muchas razones, lo que queda de Transportación Marítima Mexicana (TMM) y Gobierno Federal, deben dar una explicación clara a la sociedad mexicana sobre el caso del ferrocarril Texas Mexican Railway Company (TEX MEX), que cubre la ruta Laredo-Corpus Christi. El TEX MEX fue entregado a TMM como encargo temporal (que luego se convirtió en regalo) por el gobierno federal en 1982, para evitar que Estados Unidos supiera de la existencia de este activo (así como propiedades anexas y conexas) y no se quedara con él, al decretarse la estatización bancaria. Empero, a la vuelta de 14 años y sin que nada le costara, la naviera vendió el TEX MEX irónicamente a un ferrocarril estadounidense: el Kansas City Southern Industries (KCSI), sin que este supiera probablemente, el origen de este activo. 

Pero volvamos a las explicaciones obligadas de la ex TMM y Gobierno Federal. Primero, están obligados porque al tratarse de la naviera más apoyada del país, al recibir el encargo del TEX MEX, TMM debió responder de la misma forma. Pero a la inversa, entregó el negocio marítimo (fomentado por el Gobierno Federal) al exterior, al igual que el ferrocarril citado. Segundo, porque el móvil para que el TEX MEX le fuera entregado a TMM en encargo, fue que este activo propiedad de la nación no pasara a manos de Estados Unidos. No obstante, tanto el TEX MEX, como el sistema ferroviario nacional, en cuyos rieles se buscaba la forja de un México mejor tras su privatización, quedo en manos de nuestros vecinos del norte, especialmente al Oeste del Mississippi.

Tercero, están obligados porque al tratarse de un proceso de desincorporación que buscó ser transparente, una simulación de este tipo no sólo empaña tal proceso, sino que bien puede provocar que el resto de concesionarios soliciten una explicación del caso y la eventual revocación de la concesión otorgada al KSCI vía la ex naviera, conocida por su tráfico de influencias.

Los entretelones de la privatización de los Ferrocarriles Nacionales (Ferronales) y específicamente la corruptela cometida en el caso del TEX MEX deben ser totalmente esclarecidos.

Sobre todo, porque el “nuevo” sistema ferroviario no responde a las nuevas generaciones, que exigen el fin de mentiras y traiciones a la sociedad mexicana.

Un total de 18,508 millones de pesos dejó la venta de Ferronales, de los cuales 11,071 millones de pesos (más del 50 por ciento) fueron pagados por el Ferrocarril del Noreste (FNE), convertido en Transportación Ferroviaria Mexicana (TFM).

Entre ellos estuvo incluido seguramente el valor del TEX MEX y la dignidad del país, convirtiendo la privatización ferroviaria en oscuridad total. Como sabemos, el TEX MEX fue concesionado por 50 años prorrogables a TFM, inicialmente sociedad entre TMM y el KCSI, quedándose el Gobierno Federal con el 20 por ciento. El KCSI era el accionista mayoritario privado con el 49 por ciento y entre SCT y TMM ostentaban el 51 por ciento. De ahí la prisa de la naviera para que la SCT le vendiera el 20 por ciento de las acciones del FNE, que irían a parar al KCSI. Finalmente el KCSI, vía TFM, se convirtió en el dueño absoluto del FNE y por supuesto del TEX MEX.