Marisol Schulz

Mantengamos despierto al poeta, mantengámoslo vivo, hagamos nuestras sus palabras, recitemos al unísono “Alta traición”, unámonos en una lectura colectiva de cada uno de sus versos.
Este es mi ánimo el día de hoy, cuando despierto como todo México con un sentimiento de una tristeza profunda, infinita. Cuando nada me quita unas ganas intensas de llorar con Cristina, con Laura Emilia, con Marcelo, con Elena, con cada uno de sus amigos, con cada uno de sus lectores.
Creo que sólo fui una vez a casa de José Emilio y Cristina. Fue una reunión de trabajo en su sala. Me senté entre montones de libros, de manuscritos. Así trabajamos un par de horas. Preparaba un documento que no viene al caso mencionar, y yo colaboraba humildemente en este trabajo. Fue una experiencia enriquecedora, como enriquecedora fue cada una de las veces que la vida me dio la fortuna de encontrarme y departir con ese ser generoso, cuya calidad humana lo hace insustituible. Esto, además de todo lo que como creador nos lega. A mí, me deja anécdotas y enseñanzas que voy a atesorar para el resto de mis días. Hasta pronto, querido José Emilio. Nos vas a hacer mucha falta.