Michoacán
Felix Fuentes
Si la guerra civil ha comenzado en Michoacán, de acuerdo al sentir general, y las fuerzas federales no la sofocan inmediatamente, podría extenderse a los estados de Jalisco, Colima, Guerrero y Estado de México. Se acaba el tiempo de discursos y promesas fallidas.
Las poderosas armas que lucen y utilizan las autodefensas o policías comunitarias son superiores a las del Ejército, la Marina y la Policía Federal, e iguales a las de los cárteles que arrasan la nación.
¿Quiénes son los proveedores de los cuernos de chivo AK-47, de las R-15 y de rifles de calibre 50 llamados “mata policías”? Debiera empezar por ahí el gobierno federal, en vez de exigir el repliegue y desarme de autodefensas que dominan importantes municipios tarascos.
Tales defensores se dicen adversarios de los Caballeros Templarios, cártel que se desprendió de la Familia Michoacana y al cual pretenden eliminar de su principal zona de dominio, el municipio de Apatzingán.
En la presunta guerra contra el narcotráfico, las autodefensas someten a policías municipales, ejecutan a militares y queman autobuses, camiones de carga y vehículos de empresas trasnacionales de Coca Cola y la Cervecería Modelo.
Bajo un arco con la leyenda de Bienvenidos a Parácuaro fue fotografiado un camión en llamas de dicha empresa refresquera. Esa gráfica dio la vuelta al mundo y así es exhibido México, como nación convulsionada, en guerra, frente a la impotencia de fuerzas federales para restablecer el orden.
El día 10 de este mes hubo 23 ejecuciones en el país, incluidas las de Michoacán y, al día siguiente, llegaron a ese estado mil efectivos del Ejército y mil 500 policías federales, concretándose a remover los vehículos incendiados que impedían la circulación en algunas carreteras.
Tomada la comunidad de Antúnez por las autodefensas, éstas decidieron conquistar Nueva Italia, municipio de Mújica. Fueron comandados a ese objetivo por El Americano y se encontraron a dos contingentes militares, pero éstos nada hicieron para desarmarlos.
En Nueva Italia cruzó fuego graneado el bando de más de cien individuos contra narcotraficantes y éstos abandonaron ese lugar. Ni los hospitales escaparon del fuego graneado.
El lunes pasado fue firmado otro convenio entre autoridades federales y estatales. Más discursos y la orden del titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, a las autodefensas de deponer las armas y regresar a sus labores cotidianas.
Los individuos armados de Tierra Caliente se mofaron. Respondieron a Osorio Chong que no desalojarán las poblaciones capturadas mientras el gobierno no desbarate el cártel de los Caballeros Templarios y sean detenidos sus líderes.
En esa entidad atrapada por el narcotráfico, de presuntos o reales defensores de las comunidades y sin precisar quién es quién, el presidente Enrique Peña Nieto tiene ante sí un drama de sangre y fuego, de zozobra y muerte, de delincuencia y pobreza… de horrores.
El mismo lunes anterior llegaron 90 funcionarios en once helicópteros a Morelia para dirigir acciones contra policías comunitarias. En los primeros encuentros reportó el Ejército dos civiles murtos en Tierra Caliente y las autodefensas hablaron de cuatro decesos y un cerco a los militares para arrebatarles las armas que les habían quitado.
O sea, el gobierno decidió aplicar la fuerza ante la creciente inseguridad en Michoacán y otros lugares. Falta ver los resultados finales.
