El almirante Mondragón, un taumaturgo

Jorge Carrillo Olea

Magia, magia pura y asombrosa. Esa es la receta que se nos aplica para comunicarnos los avances contundentes en materia de seguridad pública. El almirante Manuel Mondragón es un verdadero taumaturgo.

Cada vez que imagina algo, al otro día lo convierte en estrategia de gobierno. Lo luce en medios y vuelve a su otro sueño, sus cuadrantes. Así hemos visto cómo se adoptan ideas de Genaro García Luna y se crean nuevas figuras y no vamos para ningún lado.

La  policía acreditable, al mando único, el control de confianza y otras lindezas. Vale reflexionar: las policías judiciales, ahora ministeriales, sean federales o estales, desde siempre han tenido su propio mando único.

Viene la interrogante: ¿eso ha dado pruebas de ser una solución? ¿Ha servido para algo? Lo que hace falta es un plan integral que el gobierno no ha podido constituir.

Hace un mes, Enrique Peña Nieto anunció para estas semanas una “estrategia nacional contra el secuestro”. Otra vez, se va atender  solamente a una pieza del rompecabezas y ya se puede anticipar que carecerá de integralidad en sus propios espacios.

No incorporará a la educación formal, nada de convencimiento social, pero sobre todo: no atienden al único recurso realmente efectivo, fortalecer a la autoridad represora del delito, las procuradurías. Sin ello no se irá a ninguna parte. Sencillamente no saben por dónde.

Ahora vamos con la desinflada gendarmería, desinflada ante lo que un día se festejó, nada menos que en el Palacio del Elíseo en París, donde Peña Nieto solicitó la cooperación del presidente François Hollande de Francia “para encontrar un diseño propio a una gendarmería nacional inspirada en la francesa”, con el objetivo de que el “Estado tenga una mayor presencia en todo el territorio de México, en todos los pueblos y ciudades”.

En julio ésta se presentará de manera pomposa pero sus  primeras apariciones preocupan. Veamos por qué:

Uno: el comisionado Mondragón arrastró a mediados de diciembre al gobernador de Guerrero y al presidente municipal de Acapulco al anuncio de que 400 gendarmes garantizarían seguridad a los turistas.

Dos: esos gendarmes tendrían dos o tres meses de reclutados, no tienen cuartel, menos habrían acudido a aulas y campos de entrenamiento. Nadie supo quién los manda ni cuáles serían los merecimientos de esos mandos. Puro espectáculo.

Tres: al aparecer en el puerto, en televisión, por supuesto, sencillamente azoraron. No portaban armas. Vestían bermudas, chalecos fosforescentes, tenis y gorra beisbolera. Se les instruyó firmemente en reglas de cortesía para con el público, lo que por supuesto se transmitió por televisión. Generosamente podría uno ahorrarse cualquier expresión menos una: ¡guuaauu!

Cuatro: no se conoce la intención sobre el marco jurídico que los obligará y protegerá como servidores públicos. Nada sobre su perfil profesional, nada sobre cómo se educarán, nada de su organización ni funciones.

Estos detalles preocupan. Preocupan y entristecen pues se demuestra la poca seriedad con que, a más de un año de gobierno, se está enfrentando un problema que ya sobra el calificarlo. ¡No pueden! Esa es la neta, la verdad.

Durante la campaña, Peña Nieto propuso crear esa  gendarmería. Hubo una cauda de desaprobaciones y nadie solicitó que se cumpliera el arrebato ofrecido. Pero no, se persistió aun en contra de todas las opiniones. Sus exégetas ven en Peña Nieto firmeza. Es más bien obstinación.

Ante esa rigidez, hay razones para ser muy cautelosos sobre el cómo se va a ir adelante: No hay referencias sobre el qué, el cómo, cuándo, dónde y para qué. La gendarmería “irá a donde sea requerida como policía de proximidad”, precisó orondo el almirante  Mondragón ante el Senado.

Ante la tremenda demanda previsible de formación de recursos humanos de tropas policiales, mandos medios, superiores y especialistas, tanto para la policía federal como para la gendarmería, nunca se plantea la única solución: la educación.

Este tema se ha esquivado siempre. ¿Cómo tener mejores policías si no se sabe cómo ni dónde producirlos? Mientras no se piense en términos de formación académica de calidad no se espere nada distinto a lo actual.

Los grandes problemas de México son inerciales. Nada empezó ni nada terminará con Peña Nieto. Por eso, las  soluciones  deben concebirse con una perspectiva histórica, así se les deben ver y entender. No sucede.

La opaca perspectiva de la gendarmería anunciada no apunta a esas dimensiones.  Una conclusión tan simple como irrebatible: ante una decisión de importancia indudable, por lo mucho que está en riesgo, se está jugando irresponsablemente sin un proyecto suficientemente estructurado y valorado porque no han podido formularlo. El almirante Mondragón juega con los intereses nacionales. ¡Qué riesgo!

hienca@prodigy.net.mx