Ya basta de tanta corrupción
Alfredo Ríos Camarena
No hay duda de que el desarrollo económico y el crecimiento de nuestra nación están íntimamente ligados a la producción energética, particularmente la petrolera y sus derivados; por eso, desde siempre, ha sido un tema polémico y complejo, donde más allá del lenguaje de los tecnócratas pervive y subsiste una conciencia popular que entiende o intuye este fenómeno histórico de explotación y comprende que nuestro patrimonio y futuro son parte del mismo.
No es necesario dar cifras, todos sabemos que más del 30 por ciento del Presupuesto de Egresos de la Federación depende de nuestras exportaciones petroleras.
Ya se aprobó la reforma constitucional, pero el debate subsiste y la posibilidad de un referéndum vinculatorio para detener la reforma es posible en el corto o en el mediano plazo; este solo hecho puede ser suficiente para detener a la inversión extranjera en sus intenciones, salvo que se les entregue incondicionalmente este recurso donde existe sin duda y donde es fácil obtenerlo. Las grandes inversiones en plataformas submarinas tardan mucho en madurar y poco se ve al respecto, aun cuando en Davos se anunció un convenio con una empresa rusa, pero faltan todavía las leyes secundarias. Esto quiere decir que el resultado que pudiera favorecer el crecimiento económico, tardará varios años más y, en consecuencia, no podremos medir en el corto plazo si las reformas fueron adecuadas.
Entre que sí y entre que no, la realidad cotidiana es que el crimen organizado sigue ordeñando los ductos petroleros causando daños irreparables y absurdos. Dichos elementos criminales no hay duda de que cuentan con la complicidad de empleados y probablemente funcionarios no sólo para obtener de los ductos su botín, sino para trasladarlo en diferentes carreteras federales de la nación.
¿Cómo es posible que puedan circular pipas, tractocamiones y camiones cisternas como se documentó en la averiguación del robo de hidrocarburos en el estado de Hidalgo?; se habla de pérdidas de cerca de 10 mil millones de pesos y la pregunta es obligada, ¿cómo es posible? No sacan el petróleo en cubetas, sino en enormes vehículos que transitan impunemente; ¿qué no podría con la tecnología moderna establecerse un sistema satelital que detecte aquellos vehículos que no son oficiales?; bastaría con que no se permitiera la circulación de este tipo de transporte especializado si no tiene acreditado su origen a través de chips que puedan ser claramente identificados de manera satelital. No es creíble que puedan sustraer esas cantidades de petróleo y gasolina sin la complicidad de quienes tienen la obligación de vigilar los ductos y la circulación de los vehículos, y, por supuesto de los que compran este material robado, quienes también deben ser sancionados penalmente, y deben ser no sólo empresas extranjeras en Estados Unidos y en Centroamérica, sino también distribuidores nacionales; la red de corrupción y de impunidad se presume de grandes dimensiones y con muchas ramificaciones
En tanto se aprueban las leyes secundarias, mientras que no opere la reforma, lo menos que podemos exigirle al gobierno y a Petróleos Mexicanos es que detengan este saqueo absurdo e inexplicable.
El asunto no es menor, no se trata de pequeños hurtos, sino de una auténtica conspiración que lesiona seriamente el patrimonio nacional.
Carlos Morales Gil, director de Pemex Exploración y Producción, reconoció que este problema se ha incrementado de manera significativa en los últimos años y afirma que al menos se pierden 20 mil barriles diarios, lo que representa 7 millones 300 mil barriles anuales.
“El crudo se usa, y se logra sacar del país para refinarlo”, declara el mencionado director, lo cual significa que están involucradas también empresas de primer nivel dueñas de refinerías.
No puede seguir este robo que a todos nos afecta, la autoridad debe crear una comisión que se dedique a resolver este tema, pues un resultado adicional es que se siguen alimentando las finanzas del crimen organizado.
Basta ya de tanta infamia y corrupción.
