Peligro de desestabilización
René Avilés Fabila
Si Felipe Calderón trató de ser un victorioso general que vencería en poco tiempo a los cárteles de la droga, la inseguridad y el crimen organizado, el actual mandatario ha sido discreto y poco eficaz en ese mismo combate. Cierto, es un problema heredado por multitud de instituciones ineficientes y en malas manos, pero es indispensable tener claridad sobre las llamadas autodefensas. Mirar con cuidado las características de un Estado fallido es descubrir lo evidente: no controlar la situación armada en un país es un claro indicador, contrario al optimismo que muestra el gobierno de Peña Nieto.
El pasado domingo amanecimos con una noticia que ya es frecuente: las autodefensas han ocupado nuevas poblaciones de Michoacán, desplazando así a las autoridades civiles, militares y policiacas del estado. Los medios de comunicación dan una muy abundante información acerca de estos grupos de civiles armados hasta los dientes que entran y salen de poblados en todo el país. Su origen es incierto o el gobierno no ha dado la información correcta. Pero es evidente que ante los fracasos de las fuerzas del orden, ciudadanos buscaron armas y nos dicen que su guerra es contra la criminalidad. Todos los días los especialistas miran hacia la historia reciente de Colombia en busca de una explicación en México. Allá terminaron mal, esas fuerzas formadas por aparentes vengadores y justicieros lo mismo enfrentaron cárteles que a las tropas enviadas por el gobierno.
En México podrían parecer aliados no solicitados del Ejército que combaten el crimen organizado, pero no lo son. Representan un grave peligro para el país. Pueden llegar a desestabilizarlo. Son realmente un peligro no tanto para el crimen organizado como para el Estado mexicano. En el mejor de los casos, lo cubren de ridículo con sus hazañas, dominan enormes zonas del país y aunque actúan impunemente en Michoacán, ya en otros estados aparecen. Ninguna de estas fuerzas paramilitares se oculta, los vemos en los medios, con buena vestimenta adecuada a sus tareas y con un armamento estupendo. ¿De dónde lo obtienen?, ¿por qué el Estado no las combate abiertamente, les impide tomar en sus manos la justicia? ¿Es por la información que poseen o porque en efecto hacen el trabajo sucio de las fuerzas armadas?
Ya son un dolor de cabeza para el gobierno de Peña Nieto, sin embargo, le bastan aspirinas para quitárselo de encima. El optimismo por la reforma energética, que fue pasmoso en Suiza, es agredido por la realidad nacional. Vendrán a invertir a México. ¿Cuánto estarán aquí, mientras que cada día aparecen nuevos poblados tomados por fuerzas enigmáticas que nos dicen que defienden su hogar y su familia, salvan el país. ¿En serio? Lo que debe quedar claro es que representan parte del problema y ponen en riesgo la seguridad de México.
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