SALUD

 

Comida procesada, refrescos, dulces y golosinas

Gabriel Gutiérrez

La comida procesada, como los refrescos, dulces y golosinas en cuya composición cuentan con excesiva cantidad de  hidratos de carbono simples (azúcar sobre todo) se están convirtiendo en un serio enemigo de la salud en el mundo. Las organizaciones de salud aseguran que las empresas tarde o temprano deberán rebajar  el contenido de azúcar que hay en sus productos.

Los especialistas están muy preocupados por la pandemia de obesidad y sobrepeso que hay en todas partes del mundo, incluyendo países desarrollados como aquellos en vías de desarrollo. Lo cual resulta contradictiorio cuando pensamos que en esas mismas naciones existen áreas en las que impera el hambre, la realidad es que el problema ahora es la malnutrición. Un término que no tiene que ver con la falta de comida sino con la falta de nutrientes con las que es “alimentanda” la población.

Las causas fundamentales que están elevando el porcentaje de diabéticos tipo 2, la hipertensión, los trastornos cardiovasculares y el cáncer son la mala alimentación y el sedentarismo. Si se pudieran reducir en parte esos factores, el índice de enfermedades crónicas se reduciría de manera drástica y el ahorro en la factura sanitaria anual de casi todos los países sería de muchos miles de millones de dólares.

De la misma manera que el tabaco se ha estigmatizado en todas partes y todos saben acerca de los riesgos elevados de fumar, el azúcar va por buen camino para convertirse en algo que pronto se generalizará el hecho se el impacto en la salud que tiene su consumo excesivo.

El exceso de azúcar y de sal es de acuerdo con las últimas investigaciones, un hecho muy común en la dieta de casi todas las sociedades.

Los científicos opinan que el azúcar es un factor que contribuye de forma independiente en el riesgo de padecer patologías crónicas.  La revista JAMA Internal Medicine (una revista de la Asociación Médica Americana) recién publicó un artículo realizado por investigadores de los Centros para el Control de Enfermedades de Atlanta, en el que se relacionaba de forma estadísticamente significativa el exceso de azúcar en la alimentación con un aumento de riesgo de muerte cardiovascular.

Las razones  por las que el exceso de azúcar y otros hidratos de carbono  simples se han convertido en el nuevo enemigo alimenticio aún no están completamente claras. Lo estarán probablemente dentro de poco tiempo ya que hay mucha investigación en marcha. De acuerdo con los expertos, el azúcar se absorbe muy rápidamente en los primeros tramos del tubo digestivo y llega a la sangre con gran facilidad. Esta irrupción “violenta” de ese compuesto hace que el páncreas reaccione y libere insulina para que las células metabolicen el azúcar. Ese pico de insulina es lo que modula fenómenos fisiológicos que favorecen el depósito de grasa y contribuye más de lo que se ha imaginado al sobrepeso y a la obesidad.

Lo probable es que en un futuro próximo, cuando se hable de cómo adelgazar o, simplemente, de cómo no engordar se mencione el término “calidad de las calorías” tanto o más que el de “cantidad de calorías”.

De hecho, y en contra de lo que se ha venido diciendo muchas décadas, el aceite de oliva extra virgen y los frutos secos (elementos de un gran poder calórico) se están convirtiendo en los nuevos protectores de las arterias sin que su consumo frecuente esté provocando un exceso de peso.

En el último boletín de la Organización Mundial de la Salud, se pide a los gobiernos que piensen en controlar, regular, desincentivar los alimentos ultraprocesados y las bebidas con exceso de azúcar. Más tarde o más temprano habrá que hacerlo como una medida necesaria para que los riesgos de enfermar de las personas no se multipliquen de forma irreversible para la salud de las mismas y también para la de las economías sanitarias de todos los países.