Edgar Díaz Yáñez
Casa llena.
Una fiesta.
Dos festejados: Dr. José Luis Balcárcel Ordóñez, filósofo; Mtro. José Luis Becerra López, pedagogo.
Veinte de febrero dos mil catorce.
Aula Magna.
Faculta de Filosofía y Letras.
Universidad Nacional Autónoma de México.
Tres añadidos: Dra. Gloria Villegas Moreno, Directora del plantel; Dr. Ernesto Priani Saisó, Secretario Académico de la Facultad; Mtro. David Becerra Islas, Secretario de Extensión Académica.
Un moderador: Mtro. Israel Ramírez.
Ambiente festivo y agradable, donde todos parecen amigos, donde todos lo son.
Y la doble fiesta –porque es un doble cumpleaños- inicia.
Y suena la música, instrumental porque hay que darle su toque solemne, no es cualquier pachanga.
Y se proyectan imágenes que nos muestran a los agasajados en su paso por este medio siglo a través de ésta y otras facultades. Podemos verlos posando o no, dando clase o en conferencia, con alumnos o amigos; vaya, el tiempo vuela, No eran feos, Qué moda tan retro, tú, Ya hace cincuenta años daban clases, órale, Mira, ahí estoy yo con él.
Fotos en blanco y negro y una que otra a color.
Continúa la interpretación musical (digamos, y dejémoslo así, no a la altura del festejo, aun y cuando le echan ganas) y nosotros seguimos viendo a través de las iconografías cómo el tiempo no detiene su paso y como los homenajeados transitan y cambian vidas además de las suyas.
La música cesa.
Las reproducciones también.
El moderador se instala y presenta.
Dos semblanzas; sendas expositoras.
La Dra. Sonia Torres se encarga de detallar un poco, solo un poco,acerca del Dr. Balcárcel.
Pero esto es un homenaje, un reconocimiento, un pretexto para agradecer y que todos oigan, que sean testigos, pues, de lo que voy a decir porque en realidad sí lo siento
Y por eso, la Dra. Torres agradece a un profesor «que nos ha dado tanto (…) a un entrañable amigo (…) a un profesor enorme que nos ha dado tanto durante tantos años»; al que inicia sus estudios (después de muchos problemas por ser extranjero) de Filosofía en la universidad en la que ahora se le festeja. «Discípulo de Gaos, García Bacca, Nicol, Sánchez Vázquez (…) Fue justamente como ayudante de Adolfo Sánchez Vázquez, con quien cultivó una cercanía intelectual y afectiva, que inicia su fructífera práctica como profesor (…)».
El filósofo homenajeado, nos informa la Dra. Torres, tiene una memoria de gratitud que lo glorifica: «Ser tomado en cuenta en el trabajo es la ayuda que más aprecia, por eso tiene en mente a Elí de Gortari, quien lo invitó a dar clases a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo durante su rectorado en aquellos días de tremendo caos político».
Y se nos informa que el libro Pensamiento universitario que aparece en el país natal de Balcárcel, Guatemala, incluye un artículo atrevido titulado “En torno a la dialéctica de la universidad” en el que el Dr. Balcárcel hace crítica a la universidad desde la universidad misma.
Y los datos biográficos y bibliográficos abundan, abundan títulos de obras, de artículos, de ensayos, de libros… pero esto es un festejo, es una fiesta. Es un pretexto para reconocer no cuántos libros se han escrito sino cómo se han escrito y por quién se han escrito. Para qué se han escrito. Y aun cuando es muy importante saber lo que este hombre ha hecho es aún más importante el reconocérselo y agradecérselo.
Y así lo hace la honrada Dra. Sonia Torres, visiblemente nerviosa, no por hablar en público sino, más bien, por no saber si deja en claro la profunda gratitud que siente: «No me queda más que agradecerle al Dr. Balcárcel su trabajo en el ámbito de la filosofía política; en especial su dedicación a la estética».
«Gracias Dr. Balcárcel por los artículos que ha publicado en diversas revistas especializadas. Gracias, en fin, por su espléndida disposición para la enseñanza, querido Dr. Balcárcel. Muchas felicidades. A partir de ahora diremos sin-cuenta con “s” porque sus valiosas aportaciones no admiten contabilidad alguna».
«Muchas gracias»
Y esto lo dice de corazón por la atención del público pero sin lugar a dudas más por lo que el Dr. Balcárcel ha significado para ella. Un “muchas gracias” que lo dicen todo y que a la vez se queda muy corto.
Y que la fiesta continúe. Que las felicitaciones y los agradecimientos y los sentimientos que se empeñan por trabar gargantas ajenas no cesen. Porque hoy hay que reconocer a dos personas que han influido en la vida de ve tú a saber cuántas y cuántas personas, alumnos.
Pero aún falta el otro festejado. Y falta otra maestra, amiga, alumna agradecida encargada de la semblanza, la Mtra. Ana María del Pilar.
Y se sincera y habla verdad: «Es un acto de decencia y justicia, desde mi perspectiva, reconocer a quienes han dedicado cincuenta años a la vida académica. Cincuenta años… toda una vida…».
Y a propósito: «El Mtro.José Luis Becerra López nació coincidentemente en la misma fecha en que se impartió la primera catedra de pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras en 1955, un doce de abril»
Y nos confiesa a modo de no están ustedes para saberlo pero en 1962 cursaba simultáneamente estudios de licenciatura en Archivonomia y de doctorado en Pedagogía, mientras elaboraba la tesis para obtener el grado de maestria; y que «entre sus maestros más señalados, se encuentran el profesor Domingo Tirado Benedí (profesor del exilio español en el colegio de Pedagogía), el Dr. Francisco Larroyo y la Dra. Paula Gómez Alonso, entre muchos otros… Pocos saben, nos confiesa la Mtra. María el Pilar Martínez, que el maestro Becerra traduce y escribe del francés, inglés, italiano, latín, griego y que tiene conocimientos de alemán, hebreo y náhuatl».
Y también se tiene mucho que agradecerle y reconocerle.
Dice la Mtra. Ana María: «Quienes hemos sido sus alumnos, lo mismo de licenciatura como de posgrado, recordamos su habitual asistencia a clase y su sonrisa, prestancia y firme carácter. Su compromiso permanente con la docencia y la investigación rigurosa y su congruencia como docente». Algo, sin lugar a dudas, muy importante. Un ejemplo a seguir y a copiar. La vida de sus estudiantes ha sido enriquecida, sin duda alguna, por los cincuenta años de docencia del Maestro Becerra; que hoy celebramos… y la maestra Ana María del Pilar Martínez remata con una cita de Henry Adams otra verdad: “Un maestro afecta a la eternidad, nunca sabes dónde termina su influencia”
Termina sus palabras la maestra y todos afirmany uno que otro suspira.
Ahora es el turno de entregar los reconocimientos por cincuenta años de docencia a los homenajeados.
Todos, público y festejados y añadidos y todos, se levantan, aplauden. En verdad es un aplauso merecido, nunca forzado. Foto aquí y foto allá, abrazos, felicitaciones, más aplausos, más abrazos, más fotos.
Se les reconoce toda una vida enseñando, pilotando. Mostrando caminos, fraguando otros y alumbrando los restantes. Medio siglo moldeando vidas, innovándolas, transformándolas, cambiándolas.
Y si no estuviera en el programa, los asistentes gritarían Que hablen los festejados, Sí, que hablen.
Y el Dr. José Luis Balcárcel es el primero.
Y comienza sólo como él podría empezar: «Siempre me he preguntado si por ponerme a la derecha de la mesa que preside, sea para simular que no soy de izquierda,pero, siéndolo, quiero manifestar una serie de observaciones de la larga carrera que culmina hoy con los años cincuenta de profesarla».
«En primer lugar, como estudiante de la carrera de Filosofía soy de la primera generación que ocupó este edificio; el traslado de Mascarones a acá. Que pertenecí a una generación realmente formidable y que lamento que ninguno esté dando clase en la facultad ahora…También, quiero manifestar una profunda alegría, aparte por el homenaje que me abarca, porque los alumnos que he tenido a lo largo de esta larga historia son magníficos filósofos… Quiere decir que las clases de ese tiempo han servido de mucho; porque para nosotros, ser profesor de la materia a la que nos dedicamos, es realmente la importancia culminante de nuestra vida y, por lo tanto, si alumnos míos están desempeñándose como maestros, para mí es la consagración de los agradecimientos».
Y eso que lo satisface profundamente, lo llevó, también a un comentario de cosas que suceden en la facultad, demostrando lo dicho palabras antes, criticando a la universidad desde la universidad misma: «Y que, creo, es bueno ponerles atención». Y hace un comentario del traslado de la facultad al edificio anexo, ese nuevo edificio, que en un principio se pensaba que sólo iba a albergar un solo colegio «pero los alumnos se opusieron y con justa razón, porque una de las maravillas que tiene esta facultad es la combinatoria de la gente de los distintos ambientes y las distintas disciplinas que aquí se enseñan». El problema del tiempo de traslado, de hasta media hora, de la facultad al anexo «Es una necesidad que hay que solventar. De alguna manera, pero hay que estudiarlo… Yo sé que es difícil porque yo fui secretario de la coordinación de filosofía por muchos años y sé las dificultades que eso implica». Y aprovecha la ocasión para hablar de una materia impuesta en la facultad «Que no sirve para nada más que para ocupar el tiempo» Curiosamente se trata de un seminario que tiene tres créditos (o sea que hay que cursar tres semestres de la materia)«Se llama algo así como Investigación para la elaboración de tesis…tesina… en fin, si uno le hace caso a ese curso, nunca saldría de la facultad. Lo he dicho con conocimiento de causa porque me ha tocado dar ese seminario. Es realmente complicado. Hay que suprimirlo. Hay que poner una pedagogía accesible (no voy a decir que sólo a los filósofos, a toda la facultad que lleva esa materia) y por lo tanto hago un llamamiento para que estudiemos este problema. Para que pongamos algo más cercano a la lógica… para eso estudiamos lógica en la carrera de filosofía; y que esto nos apoye y nos ayude para impulsar una materia que sirva a la didáctica y a la crítica; que sepan [los estudiantes] para qué sirven las fuentes y cómo manejarlas.No por instructivo, que sepan que no sólo hay una sola metodología sino muchas conforme al objeto del que se trate; esto hay que tenerlo muy claro… Lo traigo a cuento con el perdón de las libertades que nos concede la libertad de cátedra (…) ¿Qué más puedo decir? El agrado, la satisfacción, el agradecimiento a las autoridades actuales de la facultad por este homenaje que nos permite reunirnos con antiguos alumnos, con actuales y recientes alumnos que me han acompañado en el aprendizaje de la filosofía. Gracias».
Termina y los aplausos y el reconocimiento para el maestro que el día de su festejo, Digo, ya lleva cincuenta años enseñando, no deja de preocuparse por los alumnos y por su enseñanza. Respeto y cariño por quien después de medio siglo sigue elevando la voz sin ofender a nadie, sin menospreciar a nadie, sin subestimar a nadie, pero pensando en todos; en los alumnos principalmente. Nuestro merecido reconocimiento al que cinco décadas después de su primera clase como profesor, nunca dejará de criticar a la universidad desde la universidad misma.
Ahora que hable el maestro José Luis Becerra: «Teniendo en cuenta que iba a estar en esta feliz coincidencia con el Dr. Balcárcel, quise relacionarlo y tenerlo en cuenta y de paso hablar más de pedagogía y menos de filosofía» porque «La circunstancia, hacedora y silenciosa, que llega a perfilar y definir al ser humano, hoy nos reúne a todos los aquí presentes y provoca encuentros y desencuentros marcados por fronteras y similitudes y más que como una apertura transdiciplinar, por la coincidencia (…) coincidencia de que el maestro Balcárcel, filosofo, y mi persona, pedagogo, nos hallemos dentro de esta circunstancia, coincidentes pero distantes (…) Posiciones diferentes¿Algo en común? Sí, pues hay fronteras y similitudes que nos separan y nos unen a la vez. Fronteras sí, pero físicas: Guatemala, la de la pluma del quetzal, la de un Miguel Ángel de Asturias, por un lado; y por el otro lado México, el México bronco y profundo, convertido en un cielo lindo y querido. Separados pero juntos. Mismas raíces. Mismos valores. Mismas culturas. Con proyectos diferentes, quizá convergentes. Pero más que fronteras, como personas, el maestro Balcárcel y yo tenemos mucho en común: José Luis él, José Luis yo. Cincuenta años él, cincuenta años yo. Casa nueva, CU, desde mil novecientos cincuenta y seis, proyectos, esperanzas, palabras y avances. Todo ello atendido bajo la luz de la especulación y ejecutado como praxis academica. Conviviendo tiempos y generaciones, espacios y expansiones.
Gracias a Dios, atento al paso del tiempo de los hombres y ordenador de los mundos. A la familia, padres, hermanos, esposa. Además de estos seres indispensables en nuestra existencia, están los que nos perfilan.
Identidad, ser uno mismo.
El saber y sabiduría son metas y situaciones con las que nos va bien porque nos hacen crecer. Ser uno mismo, idéntico, viene con nuestra aparición en el mundo. La definición del perfil, designar a uno de por vida la debemos al medio y a las instituciones. Nuestra universidad es una de éstas, es el campo, sus facultades, sus departamentos, sus institutos, sus colegios, es donde encontramos el espejo enterrado de Fuentes, en donde nos encontramos a nosotros mismos, por ello, gracias a nuestros maestros, a los de Pedagogía en sus orígenes, gracias por hacernos mejores y por su entrega… a quienes debido a su pericia constancia y conocimiento, las estructuras siguen en pie y mejoran, Gracias.
Cuando llegado el momento, tomamos la misma responsabilidad formadora, nuestro empeño no podía ser otro que el que nuestros alumnos sepan el saber pedagógico, haciéndolos nuevos portadores del legado de los antiguos y nuevas generaciones. Gracias también a ellos por lo que uno recibe. Por su calidad humana, por su empeño, por sus proyectos, por sus logros, por la continuidad generacional como garantía de supervivencia de nuestra actividad pedagógica. Entre ellos están los jóvenes, a los que han entregado todo. Viene al caso la metáfora o alegoría, no sé cuál es la forma, del maestro de América, inspirador de nuestros símbolos universitarios, cuando en su esquema filosófico estético, exalta el sentimiento gozoso de la vida al referirse al himno de la juventud, a la sinfonía de la edad madura, y a la letania de la vejez, grupo al que, por el momento, me rehúso.
Porque la pedagogía, según entiendo yo, como disciplina, ya como ciencia, es la que interviene asistiendo la vuelta del hombre sobre sí mismo. Una realidad así asimilada nos urge a penetrar en la ciencia, a vivir las normas y a disfrutar el arte. Pero incursionar estos terrenos de la cultura, nos conozca una autentica sabiduría, que labremos día a día, obsequiándonos a nosotros mismos ante el espejo la primera sonrisa del día. La que nos haga sentir uno mismo. En el transcurso del día, haciéndonos una pregunta obligada a ser respondida a fin de que sepamos más aún sobre nuestro mundo y rebajados al caer ya la noche en el silencio, reencontrándonos interiormente. Solamente así daremos gracias a la vida. Gracias a nuestra Alma Mater por desenterrar nuestro espejo y a todos ustedes, maestros y estudiantes, por alentar nuestras esperanzas con su existencia gracias, mil gracias».
Aplausos.
La fiesta termina.
Y el Mtro. Becerra y el Dr. Balcárcel no se dan cuenta que hablan por nosotros, que nos han robado las palabras y las frases. Que nosotros somos los agradecidos, los que no sabemos cómo hacérselos saber. Porque ellos saben mucho, pero algo que quizá nunca lleguen a saber es en cuántas vidas han generado un cambio. Más aplausos y más sinceras felicitaciones Que no importan cuanto tiempo aplaudamos o agradezcamos, siempre será muy poco, porque personas como ustedes nos hacen sentir orgullo de nuestra Universidad.
