CIENCIA

 

En el combate a la obesidad

René Anaya

La Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes, que se basa en tres pilares: salud pública, atención médica oportuna y regulación sanitaria y política fiscal en favor de la salud, que se presentó en octubre del año pasado, no es suficiente para combatir la obesidad, que es un problema complejo causado por diversos factores.

La campaña Chécate, mídete y muévete, muy similar a la que Michelle Obama lleva a cabo en los Estados Unidos (Let’s Move) solamente pretende lograr la modificación de la conducta individual, uno de los factores del sobrepeso, pero sin incidir en los demás factores, como el sedentarismo, los hábitos alimentarios dañinos y el bajo nivel socioeconómico.

 

Un problema con soluciones integrales

Como lo señaló oportunamente el Grupo Multidisciplinario sobre Obesidad de la Academia Nacional de Medicina, integrado por Juan Ángel Rivera Dommarco, Mauricio Hernández Ávila, Carlos A. Aguilar Salinas, Felipe Vadillo Ortega y Ciro Murayama Rendón, en su libro Obesidad en México: recomendaciones para una política de Estado, el carácter multifactorial de la obesidad “requiere de una respuesta compleja coordinada por el Estado, con un abordaje transectorial, multidisciplinario, aplicado por los distintos órdenes y niveles de gobierno en diferentes entornos: en el hogar, la comunidad, la escuela, los centros de trabajo y los espacios públicos; con participación de la sociedad civil, la academia y la industria y basada en la mejor evidencia científica posible”.

Una de esas evidencias científicas se encuentra en la experiencia de los Estados Unidos con su programa Let’s Move, como refieren Carl B. Frederick, Kaisa Snellman y Robert Putnam, de la Universidad de Harvard, en su artículo “Crecientes disparidades económica en la obesidad entre adolescentes”, publicado en la revista PNAS de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, en el que plantean, con datos de dos encuestas nacionales de salud de ese país, que la obesidad ha comenzado a disminuir entre los jóvenes con un mayor nivel socioeconómico pero se ha incrementado en los que tienen menos recursos.

Los investigadores definen a la obesidad como resultado “de un desbalance entre el exceso de calorías ingeridas y las calorías gastadas por actividad física y procesos metabólicos”. Por lo que muchos de sus programas de salud pública se centraron en reducir el consumo de alta energía y de alimentos poco nutritivos, así como a promover la actividad física, lo que ha logrado que los niños estadounidenses consuman menos calorías. Pero esos datos promedio son engañosos, porque un análisis por estratos sociales revela que la campaña ha obtenido mejores resultados entre niños de clases altas.

 

Muévete, pero de estrato socioeconómico

“Niños de padres con educación universitaria no solo consumen menos calorías que hace una década sino que también tienen más actividad física. Los niños de padres con menos educación no tenían una experiencia similar. Esto puede ser porque viven en ambientes que no facilitan la actividad física. La carencia de centros recreativos comunitarios, campos de juego o lugares seguros en la calle pueden obligar a que permanezcan en casa con menos actividad física… La participación deportiva en escuelas secundarias y clubes se incrementa entre adolescentes de estatus económico alto, en tanto que decrece entre los de estatus económico bajo”, refieren en su estudio.

La situación en México es igual o peor que la de los Estados Unidos: la inseguridad va en aumento y la fiebre de construcción de viviendas ha ido devorando espacios, ya que se realizan sin ninguna planeación o plan rector (tal vez si lo haya pero no se respeta).

De esta manera, los planteamientos de Frederick y colaboradores pueden ser de utilidad para nosotros para no repetir los errores de la campaña estadounidense, ya que señalan: “Eliminar las disparidades económicas es clave en la política pública. En años recientes muchas iniciativas nacionales como Let’s Move, y recomendaciones de la Asociación Estadounidense de Salud Pública, la Academia Estadounidense de Pediatría y el Instituto de Medicina han creado conciencia de la obesidad infantil. Nuestros hallazgos indican que las desigualdades en la salud relacionada con la obesidad están incrementándose y que los factores sociales determinantes de la obesidad son complejos”.

Por lo tanto, el combate a la obesidad no debe circunscribirse a campañas de orientación o de atención médica, pues los hábitos alimentarios están determinados tanto por factores culturales como socioeconómicos. La mayoría de las clases bajas (casi toda la población mexicana) prefiere consumir calorías vacías (procedentes de carbohidratos y grasas), que son más baratas y los provee de más energía para realizar sus duros trabajos, que las calorías procedentes de alimentos nutritivos, que son más caras.

En la medida en que el programa contra la obesidad no sea una política de Estado integral, que eleve la calidad de vida de los mexicanos, la obesidad y el sobrepeso seguirán siendo un grave problema de salud pública.

reneanaya2000@gmail.com