5 de febrero, su fiesta

Jorge Carrillo Olea

El Teatro de la República metafóricamente arqueó las cejas al sentirse simple y llanamente usado y no en el sentido de acoger a espectadores, sino por ser utilizado equívocamente por el presidente.

A Enrique Peña Nieto lo descontroló la emoción y ahí informó que la deuda del país fue reclasificada al alta por Moody´s Investors Service de Estados Unidos. Esto es, los tenedores de bonos pueden sonreír tranquilos. No dijo quién califica a la calificadora, ni que sus dueños son norteamericanos.

Era el acto más republicano y más característico del año por su significado para nuestras más altas definiciones políticas, pero para Peña la suerte corrida por la Constitución y el país en 97 años de su vigencia importa menos que las notas o calificaciones de Moody´s.

Las nuevas notas brillan por haber subido la confianza que valora la seguridad de inversionistas contra el riesgo de impago o el deterioro de la solvencia del emisor de bonos. ¡La maestra le puso a México una estrellita!  ¡Eso vale más que todo!

Pero no fue sólo eso para Peña, sino que teniendo en cuenta que era su fiesta, sorrajó a los asistentes, muchos de ellos gobernadores, venidos desde el fin del mundo como el papa Francisco, toda su letanía sobre las maravillas de sus reformas constitucionales. Como si los asistentes nunca hubieran sabido de ellas.

El ánimo de la gente se proyecta en sus actos; en su hablar, en sus gestos, y los de Peña ya no dejan duda de que es un político conservador, declarado ante López Dóriga por él mismo, autoritario, narcisista y con un gran sentido de propiedad personal  sobre el Estado.

El Teatro de la República, donde en 1854 oficialmente se estrenó el Himno Nacional; en 1857 se promulgó la Constitución, y donde en 1867 se juzgó y sentenció a Maximiliano, no fue por casualidad que se le seleccionara para promulgar también la Constitución de 1917, sino por su sentido histórico y republicano.

Este honorable recinto, con esa historia y su tremenda carga de emotiva respetabilidad, ahora asiló el republicano asunto de Moody´s. Ésa es la actualizada concepción de nación y de patria que tiene Peña.

Por su parte, sobrio, elegante, justo, el presidente de la Mesa Directiva del Senado Raúl Cervantes Andrade expresó:

“En esta fecha, rendimos homenaje a Félix Palavicini, a José Natividad Macías, a Heriberto Jara, a Cándido Aguilar, Alfonso Cravioto, Froylán Manjarrez, Francisco J. Múgica y a todos los legisladores del Congreso Constituyente, quienes brindaron a nuestro pueblo un contrato social que garantizara sus derechos y defendiera sus libertades bajo la bandera de la ley.”

“Finalizo mi intervención citando las palabras del presidente Venustiano Carranza al protestar la Constitución de 1917”:

“Ahora, sólo queda la obligación de ir a la práctica de la ley suprema, llevándola en nuestras manos como la enseña que nos hará grandes, justos y respetados entre los demás pueblos de la tierra; que nos traerá la paz y la prosperidad y que, acabando con todas nuestras rencillas, nos llevará a vivir la vida de tranquilidad de los pueblos libres, por el respeto a la libertad y al derecho de cada uno.”

Se queda uno sin habla al redactar este texto que describe hechos terriblemente contrastantes que anuncian el advenimiento de situaciones estremecedoras para los cánones nacionales.

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