El invierno concluirá

 Marco Antonio Aguilar Cortés

El problema de la delincuencia organizada debe resolverse de manera integral, aplicando, entre otras medidas: eficaz coercitividad del derecho, oportunidad de empleo o estudio para todos, mejor distribución de nuestra riqueza, reconstrucción sólida de nuestra cultura, y calidad educativa en todo el país.

Todo lo antes expresado es lo que el 14 de febrero próximo anterior señaló, esencialmente, Andrés Manuel López Obrador en el estado de San Luis Potosí; salvo que él suele decirlo en negativo y con hirientes frases, como opositor a ultranza.

Curioso que lo señalado por Andrés Manuel sea, substancialmente, lo mismo que externara el presidente Enrique Peña Nieto en Michoacán diez días antes, pero en leguaje oficial.

El pueblo de México, desde hace años, viene opinando lo mismo en relación con cómo afrontar nuestro gravísimo problema de inseguridad.

Significa, por ende, que la mayoría de los mexicanos aceptamos que se ataque ese mal en sus efectos, con la aplicación responsable e inteligente de la fuerza pública; y consentimos que se destruyan sus raíces, sus causas, con eficaces medidas culturales, económicas, laborales, educativas y de orden familiar.

Esas medidas debe implementarlas el gobierno mexicano; federal, estatal, y municipalmente. No podemos hacerlo directa y personalmente todos, pero sí podemos y debemos coadyuvar para que el gobierno lo lleva a cabo con eficacia.

Nadie debe obstaculizar tan urgente tarea. Sólo alguien con deformaciones mentales puede desear que en esta delicada materia de seguridad pública el presidente Enrique Peña Nieto fracase, ya que su derrota sería la nuestra.

El sexenio del presidente Felipe Calderón Hinojosa ya concluyó. Es obvio que la guerra que él declaró en contra del narcotráfico y la delincuencia organizada no tuvo el efecto que todos deseamos. Ningún mexicano normal se alegró de ese fracaso, puesto que ese quebranto nos daña a todos.

Con esa misma coherencia debemos razonar ante la suposición, lejana, de que López Obrador fuese algún día presidente de México, y que en ese carácter tuviera que organizar la solución para esa sentida cuestión de seguridad. Nadie debería querer su fracaso ni en este asunto ni en ningún otro de interés colectivo.

Lo que debemos hacer los mexicanos, ahora, es coadyuvar con nuestro gobierno para que cumpla su deber y sus compromisos, y exigirle que nunca nos diga mentiras.

Ni las migajas ni las limosnas van a dar solución integral a nuestras dificultades económicas. Es necesario establecer en todo México una política de empleo pleno, y de oportunidad de estudio para todos. Con calificado trabajo productivo de bienes y servicios; y el estudio, como un permanente y cotidiano ejercicio para conocer y transformar los fenómenos del mundo, a efecto de, con una mejor vida, descubrirnos e inventarnos a nosotros mismos.

¡Eso es posible!, y deseable. ¡Debemos unirnos!; el invierno concluirá.