Coral Velázquez Alvarado

La cultura comienza con el lenguaje y
el lenguaje es esencialmente traducción.
Octavio Paz

Podemos pensar en el acto de traducir no sólo como el traslado de un texto (oral o escrito) de una lengua a otra, sino también en el lenguaje mismo como medio de interpretación del mundo que rodea al ser humano en conceptos. El mismo Octavio Paz en su texto “Literatura y Literalidad” reconoce que: “aprender a hablar es aprender a traducir”, refiriéndose al pensamiento mismo. Pero recordemos que las reflexiones sobre el lenguaje y la pertinencia de éste para nombrar las cosas es una preocupación clásica: Platón habla, por ejemplo, sobre estos temas en el Cratilo como parte de sus Diálogos; Aristóteles analiza, en su texto Sobre la interpretación, las relaciones entre el lenguaje y el pensamiento, al mismo tiempo que plantea la pertinencia y acercamiento de sus relaciones a través de juicios.
Siglos más tarde, nació la tradición literaria de la traducción, que si acaso el crítico, Walter Benjamin plantea que precisamente la “traducibilidad” es una característica inherente del texto literario, esta labor no resulta tan sencilla como pareciera pues no consiste solamente en trasladar el texto de un idioma a otro, sino además en tener claro cuál es su significado pertinente para recrear la imagen o la idea en el idioma a traducir.
Justo esta capacidad de “traducibilidad” es la que explota el mismo Paz, cuando se refiere a la traducción literaria como una traducción no servil; él reconoce que la interpretación literal de un texto en otro idioma es posible, sin duda, pero justo la operación literaria que implica una transformación del texto en su idioma original para que pueda ser interpretado y asimilado en otra lengua.
Como poeta, las reflexiones de Paz defienden y definen a la traducción como una función literaria, y le otorga la gran tarea de traducir poesía a los poetas, los cuales no son muy buenos en ello pues “Casi siempre usan el poema ajeno como un punto de partida para escribir su poema. El buen traductor se mueve en una dirección contraria: su punto de llegada es un poema análogo, ya que no idéntico, al poema original. No se aparta del poema sino para seguirlo más de cerca. El buen traductor de poesía es un traductor que además, es un poeta […]. La traducción poética es […] una operación análoga a la creación poética sólo que se despliega en sentido inverso”.
Paz suma a lo anterior la idea de que la tarea del traductor, del lector y del crítico es una y la misma: interpretar. A la par, poeta y traductor desarrollan la difícil tarea de interpretar la poesía —ya sea del mundo, ya sea de otro autor— para transformarla en creación, hacer suyo lo ajeno. Toda esta teoría deviene en el nacimiento de la traducción-interpretación-creación del “Soneto en ix” de Mallarmé. El cual nace, como Atenea, producto de las ideas del pensamiento de Octavio Paz, pero con aquella savia francesa como materia prima y simiente del poema en español.