Marco Antonio Aguilar Cortés

Mucha gente que ha militado políticamente en la oposición al gobierno federal, desde el ejercicio del presidente Fox, solía decir en tono de reproche y desconfianza cada vez que se aprehendía a un narcotraficante de menor categoría: “¿Por qué no reaprehenden al Chapo Guzmán?”

Hoy que la administración del presidente Enrique Peña Nieto logra reatrapar a ese destacado personaje que apareció en la lista de los más ricos del mundo, en la revista Forbes, esos mismos opositores desestiman tal triunfo: “es puro circo, o una cortina de humo”; “sólo podan el crimen organizado, así le crecerán más y mejores Chapos”; “mejor afectarles las estructuras financieras a tales cárteles”.

Y al hacer esas críticas por prejuicio, miedo, dogma u odio, sin reconocer el avance obtenido en esa materia por el actual Ejecutivo federal, esos mismos reclamantes afectan la posible razón que puede asistir a sus decires.

A ese equívoco de los antagonistas que lo mismo criticaron porque no aprehendían al Chapo, como ahora lo hacen porque ya lo aprehendieron, se suma el error de una parte del gobierno mexicano que es proclive al exceso de publicidad.

Que los medios masivos de comunicación en todo el mundo, o en México, magnifiquen una nota de plana roja, no es digno de ningún reconocimiento, es motivo de reproche y crítica; empero, que desde el gobierno de nuestro país se aliente todo un torbellino de cacareos por un asunto penal federal es un desliz, por más importante que sea este logro de la PGR y las fuerzas armadas. ¡Cacarear el huevo tiene su límites!

Urge que los asuntos de barandilla, por más delicados y trascendentes que sean, ocupen su lugar ordinario y común en los medios de comunicación masiva; y si por su naturaleza ganan las ocho columnas y el sitio titular, que no rebase su publicitación las 24 horas, pues tontejamente se convertirían en el tema de nuestro tiempo.

Hasta el momento se observa que el gobierno mexicano va avanzando con paso firme, y bien orientado, en la seguridad pública y en la procuración de la justicia. Va acotando el crimen organizado y el narcotráfico. Reconozcamos estos hechos; seríamos mezquinos si no lo hiciéramos.

La tarea no ha terminado ni terminará. Estamos tratando de una labor pública y social que tiene que hacerse todos los días, como la limpieza en todo hogar.

Se trata de una labor que no puede quedar sólo en las manos de la policía, del Ejército, de la Marina, de los ministerios públicos, sino que requiere de tratamientos culturales, económicos, políticos, laborales, religiosos y educativos.

No es en los periódicos, revistas, radio, televisión, ni en el internet ni en las redes sociales cibernéticas en donde la gente tiene que observar y valorar los avances en la seguridad pública, sino de manera personal en su vida cotidiana.

La lucha no se gana capturando capos; pero si no se les captura, la lucha se pierde.