España y México

 

 

Está el hoy abierto al mañana,
mañana al infinito.
Hombres de España:
Ni el pasado ha muerto
Ni está el mañana ni el ayer escrito.

Antonio Machado

Jorge Carrillo Olea

La palabra transición parece que se inventó a fines del siglo XX, pero no, esa apreciación es sólo efecto de su sobrexposición por el círculo político. Un lexicón la precisa como “la situación o estado intermedio entre uno antiguo o pasado y otro nuevo, al que se llega tras un cambio”, y así se presta para justificar cualquier cosa

En Chile, un gran ejemplo, se conoce así el periodo en donde tuvo lugar el restablecimiento pleno de las instituciones democráticas a través de la entrega del poder político (ojo) desde las Fuerzas Armadas hacia el presidente democráticamente elegido, Patricio Aylwin, finalizando de este modo el régimen dictatorial.

Es cierto que Pinochet perdió un plebiscito, pero también es cierto que él lo propuso y que él mismo se arriesgó, seguramente sin pensar que perdería. El gran éxito de la transición chilena no debe opacar históricamente su mal calculado origen

La transición española es el término histórico en que España dejó atrás la dictadura de Franco y pasó a regirse por una Constitución. Comenzó con la muerte del general el 20 de noviembre de 1975, tras la cual un Consejo de Regencia asumió las funciones de la Jefatura del Estado hasta el 22 de noviembre, fecha en la que fue proclamado rey Juan Carlos I de Borbón.

El rey confirmó en su puesto al presidente del Gobierno del régimen franquista, Carlos Arias Navarro. No obstante, pronto se manifestaría la dificultad de llevar a cabo reformas políticas con él. Pronto, a seis meses, el 1 de julio de 1976, Arias presentó su dimisión al rey.

Arias Navarro sería sucedido en el cargo por Adolfo Suárez, quien se encargaría de iniciar conversaciones con los líderes de los partidos políticos y fuerzas sociales para instaurar un régimen democrático en España. ¡Venía la transición!

Suárez no era una ficha apostable para ser actor principal de un cambio, tenía un pasado falangista y de Opus Dei. Quizás el rey se equivocó para sus fines internos, Suárez era conservador y de extrema derecha del franquismo y, sin embargo, contra toda previsión, resultó el gran padre del cambio. Recordar aquella frase de Franco: “Dejo todo atado y bien atado”. Pues no tanto, don Paco.

Los Pactos de la Moncloa fueron los acuerdos firmados en el palacio de ese nombre  el 25 de octubre de 1977, a menos de dos años de la muerte del Caudillo de España por la Gracia de Dios. Tuvieron el objetivo de culminar el proceso de transición a un sistema democrático y adoptar una política económica moderna.

Con todos los errores y aciertos de gobiernos de derecha y de izquierda, la transformación de España de un país medieval, amurallado mentalmente, a un Estado de presencia y respeto universal, con mucho se debe a Suárez, sin menoscabo de muchos grandes hombres, como Felipe González, Leopoldo Calvo Sotelo, Santiago Carrillo, Enrique Tierno Galván y más.

No es difícil ubicar la vida ejemplar de Suárez como la de un estoico, aunque ilógicamente aceptó ser nombrado duque de Suárez, residuos sentimentales de la vieja España. Su conducta tuvo en él: sinceridad, dignidad, aceptación de destino, necesidad de poco, sencillez, benevolencia. Incluso su perfil físico recuerda el de un inmolado.

En México, si algo pareció una transición, que a la distancia resulta frustrante y dolorosa, fueron las quimeras de Fox y Calderón que no cimentaron más que el desastre y corrupción nacionales.

Pero hoy estamos de regreso. Estamos bien adentro en el pasado. Brincamos la letrina obscena y de mal gobierno de doce años para, como en una película, dar un salto al pasado, hacia la política gótica, negra, densa, otra vez.

Estamos en un lamentable absolutismo, en su deificación, en una gran verticalidad en todo el ejercicio del poder, de una destrucción del país envidiable que fuimos, del federalismo y del sentimiento de república.

Simultáneamente, y ya va año y medio, nos enseñorean la corrupción, la impunidad, la simulación, la cooptación y el cinismo. Saludos a Chile, a España, a Portugal o Checoslovaquia y a otros países titanes en el sentido de haber sabido evolucionar.

 

hienca@prodigy.net.mx