Por ahí deben empezar las pesquisas
Jorge Carrillo Olea
“El día después” es una concepción nostálgica referida a la secuencia de un evento trascendente o de un hecho que va más allá por sus posibles consecuencias. La recaptura de Joaquín Guzmán fue un suceso con muchas consecuencias, dentro de ellas, hay algunas de las que no se ha hablado.
Es el debido aseguramiento de inimaginables objetos en la sede del criminal en su pueblo, Badiraguato, y particularmente el poblado de La Tuna de 150 habitantes donde se encuentra su compound habitacional, pero muchísimo más.
Este ya conocido pueblo, aunque sea por referencias, es una población al norte de Culiacán, clavado en la serranía. Es el lugar nativo de Guzmán. Siendo un verdadero enclave montañoso es visitado libremente por periodistas. La madre de Guzmán, señora Consuelo Loera, ha sido entrevistada por medios noticiosos en el propio lugar [Patricia Dávila, Proceso, 2 de marzo de 2014.]
Pues de estos lugares debería haberse iniciado una pesquisa tipo jalar la punta de un ovillo, para proceder a un trabajo del más alto interés nacional, conocer y actuar consecuentemente sobre las redes que han hecho prosperar enormemente al cartel de Sinaloa y particularmente haber encubierto por 13 años al criminal.
Naturalmente los verdaderos archivos del cartel estarán diseminados en varias ciudades y en el extranjero. Bajo el título de “El archivo de Badiraguato” aquí se implica que debiera emprenderse una operación de amplitud nunca vista por los órganos de inteligencia nacionales con la colaboración internacional procedente.
De llegar a ser eficaz esa tarea de alta inteligencia, muchas estrellas políticas, empresariales, sociales y religiosas, nacionales y extranjeras, de hoy y de los últimos 30 años temblarían. Así reaccionarían ciertos círculos de gobierno de todo nivel de los mismos tiempos. Seguramente al conocerse la captura, los archivos habrían sido destruidos o desplazados.
Nadie discute que El Chapo no pudo montar y operar su imperio él solo. Es imposible explicar la prosperidad del cartel de Sinaloa, su hegemonía ganada a sangre sobre otros carteles y su éxito corporativo/empresarial, sin una red de complicidades que por hoy es verdaderamente inimaginable en sus alcances de todo tipo.
La organización es la de mejor estructura, la de mejor protección política, policial y también la más extendida y poderosa de México, y no sólo la de mayor presencia en Estados Unidos, América Central y de manera incipiente en África occidental y España y Portugal.
Esta obvia reiteración se justifica sólo para preguntar si todo ello sin complicidades de alto nivel. Según el juez Falcone “no habría crimen organizado sin complicidad oficial”. [El juez Falcone, magistrado italiano que destacó enormemente en la lucha contra las mafias italianas.]
Existen en indudable complicidad, de manera indubitable, asesores legales, financieros, contadores, asesores en inversiones y operaciones bancarias. Físicamente existen discos duros con información comercial, financiera, bancaria, estudios de mercado, datos de intérpretes y traductores, nóminas de cómplices y encubridores.
No olvidar la Iglesia católica. ¿Recuerda usted aquel narcodonativo a una iglesia de Guadalajara? Reiteradamente el cardenal Juan Sandoval Iñiguez fue señalado en relación a presuntas operaciones de lavado de dinero.
Existen redes de empleo de satélites, redes de comunicación por mil medios, diseño y operación de sistemas, bancos de datos. Los archivos de los registros civiles, de la propiedad y del comercio, constitución de sociedades y más son vetas de información. ¿Se querrá explotarlas? ¿Por qué antes no se ha querido?
No sería posible operar ese imperio político, legal, comercial, productivo y financiero sin una amplia red de delincuentes de cuello blanco que no, no están en el campo de las operaciones, sino esparcidos por el mundo oficial y privado.
No es posible tampoco pensar en que 13 años hayan pasado y todas esas relaciones hayan subsistido como desconocidas para todo tipo y nivel de autoridades. No es posible dejar de pensar en complicidades, encubrimientos, tolerancias o disimulos, todos ellos con nombres absolutamente accesibles y comprobables para todo efecto.
No es necesario abrir una averiguación previa para iniciar una pesquisa. Existen las indagaciones administrativas y hasta la simple atención a las más elementales obligaciones del gobierno en su responsabilidad ante el pueblo.
Si el gobierno, el que sea, federal o estatal, aun ciertas organizaciones sociales, no inicia una investigación a fondo estaremos simplemente esparciendo una invitación a la propagación de lo que hoy decimos reprobar: el crimen organizado.
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…Suspensivos: ¡Tan bien que se le veía! Joven, inteligente, cultivado. Ricardo Anaya no supo entender la enorme dignidad de ser presidente de la Cámara de Diputados, e irresponsablemente, con candidez, la botó a cambio de un plato de lentejas. ¡Viva la inocencia!
