Ricardo Muñoz Munguía
La mirada de Guillermo Samperio, el ensayista, crea un escenario donde la participación del lector está dada. Se trata de textos trazados para hacerlos suyos, del lector, pues la escritura propuesta en el volumen El príncipe Medusa no sólo se establecen elementos primordiales o esenciales del tema que se aborde, sino que en este acto creativo se exponen las ideas a través de la inteligencia que, de algún modo, es la enorme relación que guarda el autor con sus intereses, los que hacemos nuestros ya por el tema, ya por las formas estéticas como se describe, ya por los diferentes análisis…, siempre en la disposición para gozar la gran mayoría de estos ensayos que fueron publicados en diversos medios y que ahora son agrupados para fortuna del lector experimental y para el lector experimentado.
La mirada de Guillermo Samperio, el cuentista, no debe quedar de lado, pues en ese género literario le ha valido la mención de ser uno de los mejores cuentistas nacidos a final de la primera mitad del siglo pasado y, por supuesto, premiado por ello y señalado así por los grandes de la narrativa, y como botón de muestra podemos mencionar entre ellos a Juan Rulfo. De esta labor creativa también se vale Samperio para darle los tintes que hacen lucir los ensayos que se agrupan en su volumen más reciente, en el que el erotismo, los animales, la visión a las obras literarias y artísticas, el involucramiento a temas cotidianos o políticos o filosóficos y a biografías de personalidades destacadas, son parte de este completo panorama que nos presenta el escritor defeño.
Si en el papel del poeta o del narrador se podría decir que tan sólo es un medio —puesto que está entre la página y “quien mueve los hilos”—, es decir, el papel del escritor se ubica como un instrumento, entonces el ensayista si bien no se escapa del todo para su labor, también es cierto que cobra en cierto modo el papel del traductor, el que lee sobre una realidad o el que investiga entre los recovecos de una biografía, de un aspecto de la vida cotidiana, del ambiente social para mostrar, y demostrar, con originalidad, humor e imaginación, el tiempo que nos ha tocado vivir y el que nos ha tocado por formación. Y de todo ello, de esa especie de traductor, se encarga Guillermo Samperio en este libro; que son las huellas que la vida ha tatuado en el espíritu del creador multiliterario, que posee el autor de más de treinta libros de cuento, novela, ensayo, literatura infantil, poesía y crónica.
De esa mirada ensayística se da un amplio mosaico de temas, los que divide en cinco apartados, independientemente al de la introducción y al recuadro que titula “Formato para escribir y analizar ensayos literarios”, en el que la generosidad de ideas y conocimiento del autor aterrizan para desvelar fórmulas, en especial la de su mirada, sobre el tratamiento del ensayo. Sin duda, el esquema mencionado es fundamental no sólo por los significados y significantes hacia un tema en específico sino por la claridad necesaria para la certidumbre e interés que abre la mirada del que recorre cada página. El príncipe Medusa es, pues, un libro que habrá de verse como un acto del deseo cumplido, que es el de la escritura que abarca la relación de la palabra con la plenitud de experiencia. De este panorama surge, por mencionar instantes de algunos de esos temas del primer apartado “Tekstos desde la kómoda”, desde el juego erótico que se da “en un Warhol”, en el que unos labios pusieron su huella o la mujer “con boca de beso” que se reunía con Joaquim Coluna en un hotel hasta el (re)descubrimiento de Lorca o de la poeta Alejandra Pizarnik, pasando por la inteligencia de los animales que dejan la estadística que hay más personas atropelladas que perros, pues éstos utilizan los puentes peatonales o de la música que le tocó de moda, como la de Elvis Presley. “Aterrizajes literarios”, segunda sección, aborda el “zoo humano” como intentara corregir Desmond Morris al término de “jungla de asfalto” en la obra de Arreola a manera de bestiario; los experimentos de la imaginación en la obra cuentística de Julio Garmendia; de la comunión religiosa que aparece en la poesía de Pellicer; en la valoración social y cultural que se centran en ideas y costumbres para abordar el lenguaje en Pedro Páramo; la condición humana expuesta por Sherwood Anderson en su Winesburg, Ohio que se enfoca en Estados Unidos en su transformación de país agrícola en industrial; otro, el de “México visto por sus personajes” que están en la mirada de Mariano Silva y Aceves que a través de animales descubre la actitud humana o cómo los pobres ven a México desde la pluma de Ángel de Campo “Micrós”; de María Zambrano se destaca su pensamiento y poética; y del vigente naturalismo de Guy de Maupassant. La tercera división: “El hangar de las artes”, entre algunas apreciaciones del arte, atraviesa por la línea paralela entre erotismo y pornografía que descubre Ava Vargas en las fotografías tomadas entre 1920 y 1935, y que pertenecían al fotógrafo poblano Juan Crisóstomo o Crisóforo Méndez; en la poesía del paisaje del colombiano Aurelio Arturo, del que llegó a mencionar Álvaro Mutis como uno de los mejores poetas de su país natal; o del pintor José Luis Cuevas, que atacó el medio artístico de su época, quien también fuera el que bautizó la “Zona rosa”, el de extrema fidelidad a su personalidad, quien, nos dice Samperio, “parece que su obra estuviera hecha a medida de su vida, o viceversa”; otro ensayo que aborda a Abigael Bohórquez, que dedica a su memoria, “quien nos educó a varios chilangos”, dice Samperio; el arte denominado pop art que exalta Roy Lichtenstein principalmente en que incluye espejos y otros objetos con reflejo, como una taza, en la que no hay una imagen reconocible; y, entre otros ensayos, me detengo un poco más en el que da título al libro: “El príncipe Medusa: Gianni Versace”, de aquel diseñador que vistió no sólo a una familia sino hasta su mascota y que también incursionó en perfumes, joyería, relojes, alfombras o sombreros, además de la alta costura que lo llevó a tener una fortuna estimada en 800 millones de dólares a sus 25 años de edad y que después acumuló más dinero y fama, y sus consecuencias, pues fue señalado como diseñador de mafiosos y narcotraficantes —además de estrellas del cine como Demi Moore y Leonardo di Caprio—, y que su compañía lavaba dinero de la mafia, una prueba fue a la muerte de Amado Carrillo, el narcotraficante conocido como “El señor de los cielos”, que encontraron en una de sus propiedades un punto de venta de los productos Versace, compañía que inspiró su logo en la imagen de Medusa, de este diseñador que compraba una propiedad en 6.7 millones de dólares y gastaba 35 en decorarla se le adjudica el que prefería “una persona vulgar, pero contenta, que una infeliz a la moda”, Versace fue asesinado por quien lo conquistara amorosamente, Andrew Cunanan, un prostituto de alto precio. De la cuarta sección, “Derechos humanos y seguridad social: sin tren de aterrizaje”, aborda los análisis del economista Josué Sáenz sobre el mestizaje político y económico en los gobiernos de México; la figura de Diana Frances Spencer que desde su juventud, y después de su muerte, doblegó a la familia real de los Windsor; por otro lado está el año 1968, el que le tocó a Samperio sobrevivir pues la suerte estuvo de su lado al momento preciso que lo conducían a la muerte y el interesante ensayo que dedica a los ladrones y falsificadores de arte. El último apartado, el de título de “Pensamientos al vuelo” es precisamente abordar ese aspecto que Guillermo Samperio encuentra en su existencia; o de los símbolos que García Márquez forman la muerte y alquimia en su novela Cien años de soledad, así como su versión sobre la posmodernidad en la novela y cierra con un ensayo de esplendor poético por hurgar en los misterios del sueño, en las atmósferas del poeta y en las imágenes que pueden ser horrendas y que pertenecen al territorio de las pesadillas.
Por último, me interesa destacar la valiosa singularidad de la obra que nos presenta Samperio, una mirada que no sólo explora a fondo en varios de los temas ya dichos, o no dichos por mí pero que se guardan en el volumen, que son el sitio en el que anidan las ideas, experiencias, lecturas y análisis de Guillermo Samperio. Es, pues, un estudio de la interpretación de la mirada, una traducción de la vida bajo la original pluma de Samperio en la narrativa y el ensayo.
Guillermo Samperio, El príncipe Medusa. Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2012; 325 pp.
