En la lucha contra el crimen

Alfredo Ríos Camarena

El pasado lunes 10 visitaron Chihuahua dos figuras paradigmáticas de la denuncia y acción contra el crimen organizado, la señora Isabel Miranda de Wallace y el señor Alejandro Martí, quienes desde la trinchera de su dolor han construido, junto con otros luchadores sociales más, una plataforma de acción ciudadana crítica y confiable, que ha venido denunciado una y otra vez la incapacidad de las políticas públicas en materia de seguridad. Todos recordamos la frase lapidaria del señor Martí que afirmó: “Si no pueden, renuncien”. Estos dos personajes formaron organizaciones con altruismo y con convicción, no son profesionales del tema, pero han puesto en muchas ocasiones el dedo sobre la llaga, con criterios acertados o no, pero desde luego expresados de buena fe y recogidos por las instituciones públicas con atención e interés.

Ese lunes el gobernador César Duarte Jáquez convocó a varias reuniones; una con los miembros del Tribunal Superior de Justicia; otro acto público de gran relevancia en el Cereso de Chihuahua, donde concentró, entre otros internos, a más de 500 secuestradores; ahí, se efectuó un acto donde incluso participaron los internos que expresaron en voz del Huiqui, condenado a prisión vitalicia, su arrepentimiento y su convocatoria a los jóvenes de no caer en la drogadicción y la delincuencia. Los mencionados invitados, la señora Wallace y el señor Martí, aplaudieron sin reservas la acción del gobierno estatal, dándole un fuerte espaldarazo y reconociendo que la lucha que emprendieron el gobierno federal, el gobierno de Chihuahua y los gobiernos municipales ha traído como resultado una disminución drástica en materia de homicidios, secuestro y extorsión; el propio coordinador Nacional Antisecuestros de la Secretaría de Gobernación, licenciado Renato Sales Heredia, hizo lo propio.

Más tarde en el palacio de gobierno, participaron en una mesa redonda presidentes municipales; autoridades federales; los más importantes jefes militares en la entidad; el fiscal del estado; el presidente del Tribunal Superior de Justicia; los empresarios, y los medios de comunicación. Fue sorprendente porque no era un acto de acarreados, las expresiones que ahí se vertieron y la absoluta convicción de que esta tarea sólo se puede realizar con eficiencia a través de la coordinación de la sociedad y de las autoridades de todos los niveles de gobierno; se informó de los logros y de la acción de carácter social que tiene que ver con la educación pública, el deporte, la producción y la creación de empleos; fue emotivo y trascendente este acto que demostró la colaboración de los sectores y el éxito compartido.

La metodología que está desterrando la faz siniestra del delito, abriendo nuevas esperanzas a la sociedad, se basa en un proyecto colectivo de verdadera entrega y lucha frente a este tema. Ciudad Juárez, bien gobernada por Enrique Serrano Escobar, Chihuahua y, en general, en todo el Estado, se vive otro clima. La cadena se inicia desde el trabajo de las policías municipales, las estatales y las federales; la acción del ministerio público; el trabajo del Poder Judicial, y la política penitenciaria que en este caso depende de la fiscalía general del Estado.

No se puede cantar victoria. El trabajo es arduo, difícil y hasta peligroso, pero francamente nos devuelve a muchos mexicanos, la posibilidad de creer en que esta coordinación, pueblo y gobierno, desemboca en la eficacia del combate al crimen organizado.

Este tipo de acciones y de actos nos da la certidumbre de que sí se puede acabar con el fenómeno pavoroso de la inseguridad cuando existen ciudadanos y políticos que, más allá de las diferencias partidarias o ideológicas, tienen como meta abrir un nuevo horizonte a la sociedad. Ojalá existieran muchos gobernadores como César Duarte.

Este testimonio lo puedo ofrecer de primera mano pues, en mi carácter de profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM, fui invitado.