Gabriel Weisz

 El Centro Internacional de Fotografía en Nueva York recibe en 2007 la cantidad de 4 mil 500 negativos. Se habla de un material potencialmente explosivo por su carácter político en la Francia de 1939. Según las versiones vertidas por el equipo que recibe la maleta se trata de fotografías de Capa, Gerda, Taro y Chim, quienes, entre muchos otros, cubrieron la Guerra Civil española entre 1936 y 1939. Se cuenta que Robert Capa intentó sacar los negativos. Sin embargo, se que fue mi padre Chiki o Emeric Weisz quien entrega el maletín, con muchas de las fotos que él reveló, al general J. Aguilar, para que lo guardara, el general era embajador en Vichy, este era el gobierno fascista francés. Él me contó su llegada a Marsella, sin grandes adornos, era algo que tenía que hacer; cuando hablaba de Capa eran los recuerdos de un amigo y no un personaje de novela. Se entiende que los riesgos fueron tomados por mi padre para entregar una evidencia tan significativa sobre los años de la guerra civil en un terreno tan peligroso.

Estos documentos muestran testimonios visuales de uno de los escenarios políticos más importantes para la historia de un conflicto que dejó una marca en la memoria; aquella memoria que encarnó la lucha y resistencia contra el inicio de los regímenes fascistas. Emergen personas con los puños en alto; de la batalla de Teruel; de los milicianos. O bien aquellos voluntarios quienes formaran parte de la Brigada Internacional. Individuos provenientes de distintos lugares del mundo quienes fueron a luchar a España, motivados por su indignación y por un profundo deseo de libertad. Están los testimonios de Guernica, distintos a los que visualizó Pablo Picasso. En fin el maletín guardaba el testimonio de una era que resultó primordial para entender el pensamiento político de nuestros tiempos.

Una vez dicho todo lo anterior, es importante señalar que estas historias no están hechas con el melodramático material del heroísmo. Ninguno de los que aparecen nombrados y muchos otros que no figuran en los registros buscaron la luz de la fama; lucharon por una causa tan profunda que arriesgaron sus vidas por defenderla y dejaron un legado de imágenes para que los seres humanos no olvidemos lo que sucedió en ese crisol ideológico y de activismo que no aceptaría jamás una imposición marcada por la ferocidad de la ignorancia franquista; de un Estado Absoluto que no tolera el derecho a disentir.

Las personas que llegaban a casa de mis padres ya como refugiados o refugiadas conversaban de su participación como un acto colectivo. No existía un héroe reluciente quien podía figurar en una historia de aventuras. Nadie buscaba tomar un papel protagónico, pero muchos aprovechan este momento para crear los dramas que divertirán a un público ávido de acción y poco interesado en la realidad del evento, convierten los acontecimientos en algo mítico y exótico. El héroe es suficiente, no es necesario pensar, su figura emociona, es tan atractivo mirarlo saltando barricadas y esquivando las balas. Los refugiados y refugiadas, contaban sus historias con discreción, eran personas comprometidas como seres humanos, con sus cámaras, con sus plumas, con sus pinceles para manifestar su más profunda pasión por la libertad de todos y todas. Con su verdad construyeron su arte.