Narcisismo del poderoso
Marco Antonio Aguilar Cortés
Son tantos nuestros padecimientos que sería ingenuo atacarlos todos de una sola vez. Es necesario comprender nuestros problemas, y saber accionar con la pertinente dosis para los arreglos.
Como todo está conectado con todo, una buena compostura nos conduce a la fácil restauración de otro desperfecto; y, a la inversa, la generación de un destrozo nos puede producir estragos en cadena.
La permanente actitud de empresas poderosas del mundo representadas y protegidas por el gobierno de Estados Unidos, tratando a México como su siervo, es uno de nuestros problemas; ante tal conducta exterior los mexicanos, unidos en torno a la defensa de nuestro país, respondamos con decoro e inteligencia, esperando que nuestro gobierno esté a la altura de sus responsabilidades.
Debido a nuestra mala forma de organización social, los funcionarios públicos a quienes encargamos el ejercicio de nuestra soberanía se corroen a sí mismos en la búsqueda de riqueza y poder, al pensar que así son exitosos.
Ése es un problema interno grave, puesto que los conduce a un narcisismo peligroso que termina agotándolos, y conduciéndolos a la nada.
Con droga, alcohol y sexo irresponsable, algunos terminan perdiendo su propio control, y a su propia familia, ahogados en una soledad que los deprime. Cada uno de nuestros expresidentes de la república tendrían un drama que contar, de vivir y si fuesen sinceros.
Ante esa cuestión es indispensable, por una parte, elegir como candidatos a la Presidencia, y en su momento elegir como presidente de México, a gente de sentido común, sensata, conciliada consigo mismo y con su medio, que quiera a México, capaz, responsable e inteligente.
Además, permitiéndole las resoluciones verticales de poder que son indispensables en el ejercicio de sus atribuciones, debemos instalarle un órgano eficaz que le detecte errores y, como peso y contrapeso, los corrija, sin ningún cacareo.
El poder, entregado a humanos de poca experiencia, los lleva a sentirse bonitos, inteligentes, líderes de atracción en todos los órdenes; errores de autoestima que los traslada al egocentrismo y, creyéndose inmortales, los inicia en su propia agonía.
Ser multimillonario tiene un responsabilidad social innegable. Aceptar una capitalización que rebasa las dimensiones de lo humano impone deberes irrenunciables con la población. Es peligroso ser inmensamente rico, rodeado de hambrientos.
No son empresarios, sino simples riquillos atolondrados, los que han huido del México que han hecho, y viviendo en el extranjero siguen extrayendo, para su beneficio, la plusvalía que generan las inteligencias y las manos que sí producen dentro de nuestro territorio.
Los pobres de hoy son los que física y psicológicamente optan por el sometimiento. Los seres humanos libres no se dejan explotar por nadie ni se explotan a sí mismos. La cultura y la educación, en ese orden, nos hacen libres.
