Corrupción inveterada

Teodoro Barajas Rodríguez

México demoró para asimilar las formas y procedimientos de la normalidad democrática, fue en 2000 cuando se marcó la alternancia para abrir un cauce diferente, se aventuró al soñar un país idílico exento de los dramas de antaño, sólo que ni una cosa ni otra porque vivimos doce años de gobiernos peritos en la simulación.

La corrupción fue tema de las campañas que concluyeron en 2000, fue un argumento contra el PRI, Vicente Fox anunció patear a las tepocatas, víboras prietas y todo ese bestiario que vivía en sus febriles lances de nuevo mesías. La realidad fue otra.

Esos doce años de administraciones panistas no abatieron la corrupción porque hasta la fecha salen a la luz pública manejos turbios de los gobiernos que predicaban de moral al más puro estilo de los fariseos, hipócritas irredentos que sucumbieron a las tentaciones del poder como se ha presumido en el caso de Oceanografía.

El desencanto respecto a nuestra clase política no cesa, la corrupción es un mal de grandes dimensiones que tritura esperanzas, el caso de Oceanografía es uno de los muchos botones de muestra, una página más de fraude, tráfico de influencias y violación a la ley.

Oceanografía fue la empresa favorita de Petróleos Mexicanos durante el gobierno de Vicente Fox, ahora ya fue intervenida por las autoridades, otra historia absurda de las muchas que se han vivido y escrito en nuestro país; quienes profetizaban el cambio quedaron en calidad de los merolicos que anuncian el fin del mundo para hipnotizar incautos.

La corrupción como cáncer, la transa como trance cotidiano, ahora Carlos Ahumada anunció que demandará al PRD para que le regresen el dinero estimado en 200 millones de pesos que aportara para las campañas, seguramente se recuerda aquel escándalo con video incluido en el que René Bejarano salió a cuadro con los billetes del argentino hace diez años.

Como se ve, las corruptelas en México son la narrativa inveterada, no hubo renovación moral aunque se anunció hace más de treinta años, hubo simulación o en todo caso se aplica el peso de la ley a los enemigos del régimen, algo típico de la naturaleza humana.

En los comicios del 2000, un expediente que delataba la ilegalidad fue el Pemexgate, el dinero que fue afluente de la campaña de Francisco Labastida Ochoa entonces candidato priista a la primera magistratura. Por todas direcciones los tentáculos de la corrupción.

Qué decir de los Amigos de Fox y tantas cosas que se han significado como la manifestación del cinismo convertido en juego de palabras para erosionar más la precaria confianza en el poder político.

Nos quedaría refundar México aunque se lea esto como una quimera no desprovista de ingenuidad, por ello ahora se hace preciso transitar de una vez por todas a los esquemas incluyentes de la democracia participativa ante el agotamiento de los moldes actuales tan socavados por una realidad galopante y surrealista.