¿Muerto Maciel se acabó la pederastia?

Humberto Musacchio

Ernesto Robles Gil, director general de los Legionarios de Cristo desde el 20 de enero, declaró que hace cuatro años (cuando se conoció la escandalosa vida de Marcial Maciel, fundador de la orden) hubo una “duda tremenda”, mucha desconfianza e incluso deserciones, pues “veían una mancha en la Iglesia que debía ser erradicada”.

Pero la mancha no se limpió, sino que el papa Benedicto XVI —agrega Robles Gil— “aseguró que la orden es una congregación sana” y que “la Legión de Cristo debía seguir adelante”, pues si bien “hubo un cansancio inicial… el optimismo es lo que reina dentro de la orden”. En otras palabras, aquí no ha pasado nada y a seguir recabando fondos de los laicos adinerados para seguir como la orden más rica e influyente de la Iglesia católica.

Para don Ernesto quizá basta el comunicado del 6 de febrero, que “ante la magnitud de la maldad” de Marcial Maciel decía: “Queremos expresar nuestra profunda pena por el abuso de menores seminaristas, los actos inmorales con hombres y mujeres que eran adultos, el uso arbitrario de su autoridad y de los bienes materiales”.

La condena de “los actos inmorales con hombres y mujeres que eran adultos” son decisiones voluntarias que interesan a la Iglesia, pero no deben interesar al poder civil. Si Maciel era, como se sabe ahora, mujeriego y drogadicto, es cosa suya, aunque ciertamente censurable en un guía espiritual que predicaba una cosa y hacía otra. Pero abusar sexualmente de niños y jóvenes confiados a su custodia y guía es algo que cae en el ámbito criminal y hay que decir que la propia orden y la Iglesia toda pusieron oídos sordos a las múltiples denuncias de sus tropelías. Dicho de otra manera: ¿muerto Maciel se acabó la pederastia dentro de la Legión?

El pasado 5 de febrero, el Comité de los Derechos de los Niños, organismo de la ONU, acusó al Vaticano de mantener a lo largo de varias décadas un “código de silencio” en torno a los abusos de sus sacerdotes en perjuicio de los menores, por lo cual, ha violado reiteradamente la Convención sobre Derechos del Niño, pues lejos de retirar a los agresores y llevarlos ante la autoridad, permitió que los pedófilos continuaran en contacto con los infantes de los que abusaron.

Se trata de cosas muy sabidas, pero el asunto cobra fuerza porque el comité de la ONU trabajó más de tres años recabando datos y confirmando acusaciones. Lamentablemente, la jerarquía eclesiástica ha respondido con virulencia a las acusaciones. Señal inequívoca de que niños y jóvenes siguen en peligro.