Los asuntos turbios de cada día
René Avilés Fabila
Antes los medios tenían muy claro que de un lado estaba la nota política y del otro, al final, la roja. Los crímenes no ameritaban más que el morbo de los peores lectores de diarios y entrevistas. Durante la época del general Lázaro Cárdenas, apenas si aparecía alguna información sobre asesinatos y robos. Pero eran otros tiempos. Incluso la inseguridad era algo poco usual, hoy es el pan diario… En consecuencia, y al envilecerse la política, la nota roja se mezcló con los sucesos de mayor trascendencia para el camino del país. Ya cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio y a José Francisco Ruiz Massieu, la política estaba abiertamente vinculada a la nota roja. De pronto los papeles se invirtieron y los titulares, las ocho columnas famosas, eran sobre crímenes y atracos, acerca de la corrupción imperante y triunfal. Por regla general, eran los propios políticos quienes aparecían mencionados como criminales y amigos de la deshonestidad.
Ya es normal, digamos, como ha sucedido en estos días, que veamos abundante información y el debido escándalo por el caso Oceanografía y por la línea 12 del Metro. En el primer caso es evidente la participación de políticos panistas en el fraude, incluso los hijos de quien fuera la primera dama Martha Sahagún. En el segundo, hubo diversas irregularidades para mantener en alto el avance político del expriista Marcelo Ebrard. Como secuela del segundo escándalo, un Miguel Ángel Mancera, siempre equivocado y superficial, decide perdonar a todos, a Ebrard y a los mercaderes de la construcción que cometieron irregularidades en la llamada línea dorada. Total, las pérdidas materiales y las afectaciones a los usuarios del Metro a él no lo afectan. Es generoso con quienes dañan a los capitalinos, lo hemos visto con las repetidas agresiones de la CNTE contra la ciudad.
Si México fuera otro y más positivo, tanto Ebrard, como los Bribiesca, hijos de Martha Sahagún, como los empresarios que no cumplieron a cabalidad, tendrían que ser juzgados abiertamente y no ser perdonados como lo hizo Mancera en un acto de torpeza política, que él supone lo prestigiará en lugar de hacerlo perder más simpatías en el Distrito Federal.
Tanto en el caso de Oceanografía como en el de la línea 12 del Metro, debería haber una investigación rigurosa y que respondan ante la justicia todos aquéllos que de muchas formas defraudaron al país, que hicieron negocios turbios.
Eso es lo que ahora se debate en los medios: pillerías y política, de la mano como nunca antes se había visto. Ahora es muy fácil encontrar en los medios de comunicación la fusión íntima de corruptelas y actividades públicas. ¿Hasta cuándo se mantendrá tal aberración? Esperemos que hasta muy pronto. La ciudadanía está harta de ver a los políticos inmiscuidos en asuntos turbios.
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