Oceanografía, la punta del iceberg
René Avilés Fabila
Será tema de las autoridades competentes y del periodismo a fondo, serio —que poco se practica en México—, averiguar en detalle la larga historia de las pillerías y fraudes cometidos por la empresa Oceanografía. Lo que estamos presenciando no es más que la punta del iceberg; debajo de las aguas turbulentas hay un largo historial de robos y engaños a la nación que por décadas nadie descubrió, ni siquiera sospechó. Los descubrimientos —debería poner el término entre comillas— comenzaron cuando Banamex, una moderna tienda de raya que nunca pierde o casi, descubrió que había sido timada por la empresa citada. Luego se comenzó a profundizar en el caso; al fin las autoridades, de una lenta e ineficaz justicia, actuaron y ahora comenzamos a ver el inmenso iceberg.
Como es usual, los empresarios ladrones, entre ellos los hijos de Martha Sahagún, ya estaban advertidos y ninguno ha sido capturado y menos interrogado, todos han desaparecido; en las puertas de Oceanografía se acumulan los trabajadores para exigir que les paguen. Nadie les responde, salvo algún vocero oficial que les contesta con frases comunes que todos serán retribuidos, llegaremos hasta el final, caerán cabezas, y sandeces por el estilo. Por lo pronto, y esto prueba la relación entre corruptos de Oceanografía y del sistema político, los dueños no aparecen, pero tampoco su mayor activo, un enorme buque llamado Osa Goliath al que desde el arranque del problema le fue ordenado desparecer en aguas internacionales para evitar su captura.
Más adelante, ya con investigaciones avanzadas y el clamor de los medios de comunicación, resulta que Oceanografía también timó al IMSS e Infonavit. Como en una película vista varias veces. Los empresarios defraudan diversas instituciones, se embolsan grandes sumas, les dan el pitazo y desaparecen mientras en México una legión de abogados sin escrúpulos los defienden. A la larga, el caso se perderá y miles de empleados, más de 7 mil, se quedarán sin empleo y sin paga. Lo mismo que le ocurrió a Mexicana de Aviación; la robaron, y luego dejaron al garete a cientos de trabajadores de tierra y aire. Ahora podemos verlos en el aeropuerto en eterna huelga, en calidad de indigentes, en espera de que la justicia mexicana les resuelva favorablemente un caso donde tienen toda la razón: ellos simplemente son las víctimas.
Es lamentable, pero dentro de poco veremos la escena de Mexicana duplicarse en el caso de Oceanografía. Todo ante la fría indiferencia del Estado mexicano. Pero hay que hacer notar que aunque la empresa tiene muchas décadas establecida, sin duda muchas anormalidades de toda índole, es con la llegada del PAN que la corrupción se acentúa. Entre las familias que han participado de la corrupción se encuentra toda la familia de Camilo Mouriño, el joven secretario de Gobernación al que los panistas, especialmente Calderón y su esposa Margarita, veían como el símbolo de la pureza conservadora.
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