¿En dónde fabricará Chile sus estadistas?

 

Fracasamos, no pudimos evitar el triunfo del neoliberalismo…

Nuestra generación en alguna medida fracasó

en sus propósitos fundamentales.

Porfirio Muñoz Ledo

 

 

Jorge Carrillo Olea

¿En dónde fabricará Chile sus estadistas? ¿Dónde fabricaron a Ricardo Lagos, magnífico presidente del 2000 al 2006, y a Michelle Bachelet que va por su segundo turno? La pregunta valdría también para otros políticos chilenos, Patricio Aylwin, Eduardo Frei Jr. y Sebastián Piñera, que sin ser socialdemócratas, y más aún, alguno sí fue oportunista pinochetista o supermillonario, gestionaron la transición política y económica del país con sentido de Estado, con poco o ningún compromiso sectario.

Tras su primer mandato, Bachelet fue nombrada secretaria general adjunta de las Naciones Unidas a cargo de la recién creada agencia ONU Mujeres, entidad que promueve la igualdad de género. Toda una distinción. [En su juventud fue torturada y exiliada, mas nunca renunció a su vocación política. Su padre fue acusado de traidor a la patria, atormentado y muerto durante esos actos.

Latinoamérica y la cuenca del Caribe es una región vivísima, vibrante, donde un buen gobierno y un pueblo numeroso y joven tiene una gran capacidad transformadora, como lo están haciendo Chile, Uruguay o Perú, generan todavía con un ingreso per cápita insuficiente pero con un índice de desarrollo humano alto. Vitalidad que contrasta con la vieja Europa que parece no poder someter su reumatismo.

Hoy Chile goza de un gran prestigio internacional, de estabilidad política que se demostró en la pasada elección, aunque su sostén económico, principalmente en materia de divisas, siga siendo fatalmente el cobre y esté yendo a la baja. Es un país progresista por más que persistan las inquietudes por una mayor igualdad socioeconómica y las impaciencias estudiantiles, que demandan gratuidad de la enseñanza superior y… ¡¡vaya!!, una educación de más calidad.

Todo gracias a la razonable continuidad de los proyectos de largo aliento de los presidentes post-Pinochet, fueran de derecha o de izquierda, mismos que la señora Bachelet ha afirmado en su campaña que ahora hay que reformar. Adquirió el respaldo de 62% de los votos emitidos. Enrique Peña Nieto obtuvo 30 menos.

Sus grandes propuestas son ambiciosas: reducir la desigualdad y el desempleo juvenil; reforma constitucional, fiscal y educativa. Esto en un país razonablemente equilibrado pero legítimamente insatisfecho, aunque tenga un índice de desarrollo humano e ingreso per cápita sensiblemente superior al del mexicano. Sólo un 14.5% de su población se encuentra bajo el índice de pobreza, comparado con un 45% en México.

La señora presidente advierte con sinceridad que los cambios después de Pinochet han sido positivos pero tan acelerados que han creado espacios residuales en el ámbito de oportunidades socioeconómicas. Hoy propone serenidad, firmeza y eficacia para cambiar a fondo.

El anuncio de esas reformas ha provocado grandes  expectativas en una sociedad cuyos sectores marginados y medios desean cambios más drásticos conducentes a asegurar la igualdad de oportunidades. Bachelet, consciente de que esas expectativas son altas, tiene previsto lanzar a la brevedad posible su paquete de reformas.

Se ha comprometido a “una reforma (la educativa) que asegurará que Chile crezca ya no sólo por los recursos naturales, sino también por el talento y creatividad de nuestra gente. Una reforma que va a terminar con el lucro, que va a poner reglas del juego claras, para que nadie se beneficie a costa de nuestros niños y niñas”, indicó.

Me pregunto si en México, cuyos dirigentes frecuentemente nos hacen sonrojar, país carente, urgido, huérfano de figuras magnéticas y eficaces, que ni siquiera se aproximaran a la talla de aquellos señores,  ¿aceptarán en Tlaquepaque órdenes para fabricarlos?

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…Suspensivos…  Mientras el PRI en su 85 aniversario demuestra ser más aquel de Carlos Sansores Pérez, Lauro Ortega o Manuel Sánchez Vite, que el de Jesús Reyes Heroles o Porfirio Muñoz Ledo, en Chile corren vientos de goce y esperanza, muy fundados. La narrativa (así se dice hoy) del PRI es más halagos, genuflexiones, culto a la personalidad y mucho incienso al triunfalismo. 

 

hienca@prodigy.net.mx