Ya no más un sector invisible para el debate nacional
Carlos E. Urdiales Villaseñor
¿Puede México disminuir sustancialmente su dependencia alimentaria (hoy cercana al 40%) de aquí a 2018? Cualquiera que sea la propuesta del Ejecutivo federal para reformar el andamiaje institucional y mejorar la productividad en el sector agroalimentario nacional, debe establecer metas tangibles y periodos concretos para su revision, y responsables por cada tramo y tarea.
La participación de los actores del campo en toda la cadena de producción tendrá sus naturales y legítimas presiones y condiciones. Habrá quienes tengan enfoques diferentes y hasta opuestos, lo cual puede enriquecer una agenda de foros, consultas y mesas regionales de discusión y análisis que permitan enriquecer de aquí a septiembre la propuesta.
El empaque político de sus operadores radicará en poder hacer que la mayor parte de los actores primarios y secundarios de esta reforma al campo coincidan y disientan en esos espacios donde sus opiniones pueden ser incluidas, donde sus intereses y temores se conviertan en agenda.
Que por el bien de un sector urgido de ajustar su arquitectura para hacerla más eficiente, coherente y productiva, no se politice al extremo de llevar el análisis al simplismo rampante de anuncios de radio y televisión que prometen defender lo que nadie ataca.
Para pensar en agricultura, ganadería, desarrollo rural, alimentación y pesca es necesario pensar en algo más que en la Sagarpa. Es indispensable integrar y coordinar la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, la de Educación Pública, la de Desarrollo Social, la de Economía, la de Hacienda, las financieras, aseguradoras y banca de desarrollo especializado para saber cómo potencializar lo que hasta hoy se ha logrado.
Hará falta también saber qué fortalezas tenemos como país productor de casos muy exitosos de grandes empresas que compiten entre las mejores del mundo, discutir su papel como locomotoras del amplio sector de medianos y pequeños productores que pueden integrar cadenas rentables de suministros y producción, para construir un frente nacional vigoroso y más presente en el mundo.
La autosuficiencia alimentaria será consecuencia de un ajuste mayor al sector agroalimentario, será resultado de reconocer cómo la ciencia, tecnología, economía y explotación de nuestro entorno puede aún dar mucho. El campo mexicano, en su más amplia acepción, ya no puede ser un sector invisible para el gran debate nacional, no sólo de la ocurrencia partidista y renta política de ocasión. El campo mexicano se ha ganado, con el esfuerzo de millones por décadas, el derecho a ser posicionado como un sector tan estratégico como el energético o el turístico, se ha ganado con pesos y centavos un lugar de privilegio a la hora de hablar de los recursos que se le destinan y, sobre todo, de la eficiencia con que se gasta, aplica y cuida ese recurso.
Que haya debate intenso y largo para que la reforma al campo nos incluya a todos, todos los días.
@CarlosUrdiales
