La bandera rusa preside el puesto de control de Chongar, localidad situada en la provincia de Jersón, más allá del límite peninsular, que el Ejército ruso ha convertido en nueva frontera de Crimea.

Los anónimos “hombres de verde” que han ocupado toda la península, acompañados de efectivos del Berkut (fuerzas especiales de Ucrania disueltas por el nuevo Gobierno) y de cosacos –omnipresentes en este conflicto– comparten las tareas de seguridad en este puesto fronterizo en el que no hay excesivas pegas para abandonar Crimea, pero donde ocurre todo lo contrario a la hora de intentar entrar.

A sus espaldas se ve una larga fila de tiendas de campaña y camiones militares rusos aparcados. Aquí, a diferencia de lo que ocurre dentro de la península, todos los hombres van bien armados y uniformados. Las tropas ucranianas no están lejos y los servicios de seguridad de Kiev acaban de informar de la «detención de un grupo de reconocimiento de las fuerzas especiales rusas en la provincia de Jersón que tenía el objetivo de estudiar los movimientos de las unidades militares de Ucrania» que refuerzan la zona.

A pocos kilómetros de Chongar hay que detenerse para dejar paso a una fila interminable de vehículos blindados rusos que se dirigen a la base de Dzhankoy. En un comercio cercano los vecinos nos explican: “Es el Ejército ruso; los muchachos vienen de Chechenia…”. Los soldados que viajan en el exterior de los vehículos responden a los saludos de una población que les da la bienvenida.

Con la Flota del Mar Negro desplegada y las dos carreteras que unen Ucrania con Crimea plenamente controladas ya solo quedaba cerrar el espacio aéreo. La compañía nacional aérea ucraniana confirmó el cierre de las conexiones de vuelos comerciales con Simferópol. Un movimiento que ya había comenzado a gestarse 24 horas antes.

En los 140 kilómetros que van desde la frontera hasta Simferópol los carteles publicitarios han sido reemplazados por propaganda electoral. “Todos con Rusia, el 16 de marzo, referéndum”, es el eslogan de la campaña lanzada por el Parlamento regional y que ha llegado hasta el último rincón de Crimea. No existe ningún tipo de campaña que pida votar a favor de la segunda opción que se planteará a los ciudadanos y que supondría reinstaurar la Constitución de 1992 y el estatus de Crimea como parte de Ucrania.

Las autoridades locales trabajan contrarreloj y comienzan a adelantar las primeras medidas tras la anexión. El viceprimer ministro crimeano, Rustám Temirgalíev, habló de la nacionalización de las empresas estatales «incluidas las de energía como Chernomorneftegaz, y algunos sanatorios estatales” que pasarán «a propiedad de la república de Crimea”, según recogió la agencia Interfax.