A decir de Humberto Roque Villanueva
Humberto Musacchio
A Ernesto Zedillo, dice Humberto Roque Villanueva, “nunca lo sentí totalmente convencido ni de la ideología ni de la composición orgánica del PRI” y lo que llamó “sana distancia” acabó por convertirse “en frialdad, en ausencia y, finalmente, en derrota”.
Roque Villanueva sabe de lo que habla, pues fue presidente del CEN del PRI en 1996-97, durante el malhadado sexenio del gran inepto, del hombre que con los errores de diciembre hundió el país en una espantosa crisis económica, llevó a la quiebra miles de negocios y hundió en el desempleo y el hambre a millones de familias mexicanas.
Por supuesto, era evidente la falta de convicción priista de Zedillo, un pequeño burócrata encumbrado por Carlos Salinas de Gortari, quien muy caro pagó su decisión de favorecer a un hombre sin ideología y sin principios, una medianía que se elevó en tanto que fue el beneficiario principal del asesinato de Luis Donaldo Colosio.
Zedillo, después de participar en el movimiento de 1968 y ser reprimido por la policía diazordacista, fue incapaz de hacerle honor a los mártires de aquel año y, agachón y pequeño, como otros traidores acabó sirviendo al viejo régimen y echando tierra sobre aquel momento de su pasado en que se atrevió a protestar contra la injusticia.
Se trata del mismo personaje que el 9 de febrero intentó apresar a Rafael Sebastián Guillén Vicente, el llamado Subcomandante Marcos, pese a que había un acuerdo de cese de las hostilidades. Zedillo lanzó las fuerzas federales contra los militantes del zapatismo y sólo se detuvo después de que fracasó la aprehensión y un poderoso movimiento nacional e internacional llamó a celebrar conversaciones para buscar una salida política al conflicto.
Entrevistado por José Antonio Román para el diario La Jornada, Humberto Roque, quien es bien conocido por su caballerosidad, no quiso ahondar en su juicio sobre Zedillo, pero dejó en claro que la derrota priista del año 2000 tiene como principal responsable al expresidente de la república que vendió los ferrocarriles y luego se convirtió en empleado de los compradores, como lo es hasta la fecha.
En fin, que se trata de un político de baja estofa, un hombre que traicionó sus ideales de juventud, que traicionó a su partido y que traicionó a México al despojarlo de su patrimonio para beneficio personal. Es un traidor pertinaz, y lo dicho por Humberto Roque Villanueva confirma lo que muchos pensábamos de ese politicastro de poca monta llamado Ernesto Zedillo.
