David Alejandro Boyás Gómez
El 31 de marzo de 1914 nació en la calle de Venecia, en la colonia Juárez, Octavio Paz Lozano. Exactamente cien años después se reunieron amigos y lectores del escritor en el Palacio de Bellas Artes para presenciar un Retrato Coral en el que participaron 21 escritores. Con esta actividad, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes clausuró la serie de festejos que dedicó al poeta en su centenario.
Al respecto Rafael Tovar y de Teresa, titular de la dependencia, aseguró que se trata de convocar a las generaciones más jóvenes para propiciar el debate y la reflexión en torno al pensador y poeta.
Como acto inaugural, a petición de la viuda de Paz, Marie Jose, se leyó el poema “Niña”, que dedicara el autor a su hija, Helena Paz Garro, quien dejó el mundo ayer, un día antes del centenario de su padre.
Durante la ceremonia, la veintena de escritores, editores, historiadores, llenó el escenario más que con reflexiones en torno a su obra, con anécdotas que hablaban del espíritu de Paz y de su compleja personalidad.
Elena Poniatowska recordó su amistad con el escritor desde 1953, año en el que comenzaron a escribirse cartas y compartir momentos felices en cafés del Paseo de la Reforma. Contó que conoció a su madre y varias de sus casas. En sus visitas se ponían a jugar “cadáver exquisito” con Ramón Xirau, Juan García Ponce y a veces Joaquín Diez Canedo. Cuando Paz llegaba tarde preguntaba “¿Qué? ¿Ya están hirviendo los sesos?”.
Uno de los más grandes autores contemporáneos de la lengua inglesa, Charles Simic, contó que una vez en París, Paz visitó a André Bretón en su casa. Él lo hizo esperar un poco y después de salir, el autor de Árbol adentro le preguntó en qué se ocupaba. Bretón le contestó que practicaba la escritura automática. Entonces el autor de El laberinto de la soledad le inquirió: “Pero si has tachado muchas veces”, a lo que Bretón le reviró: “Es que no era lo suficientemente automática”.
Para el escritor y traductor Eliot Weinberger el humor de Octavio Paz resaltaba tanto como su inteligencia. Dice que le tocó presenciar que dialogaba con Claude Simon de cine y el mexicano le decía que le encantaba el cine, hasta el malo, y que hablaron por más de una hora de Star Trek, de la que nuestro homenajeado era seguidor.
José de la Colina recordó al joven recargado en un fresno en la placita de Mixcoac frente a la casa donde vivía. Relató que era la misma persona que en Nueva York o París, en India o en Uruguay dictaba al viento su poesía. “¿Cuál es su palabra esencial? Entre, que es una palabra lazo, puente, puerta” aseguró el escritor. “Octavio Paz lanza al aire la moneda, ¡la palabra, la poesía!”
Adolfo Castañón mencionó que una vez le regaló un diccionario al autor de Posdata pues ahí venía la palabra “estovaína”, ausente en otros diccionarios más populares. El Nobel de Literatura 1990 insistió mucho en pagarlo y le dio un cheque firmado por dos mil pesos. Castañón consideraba más importante la firma del escritor que el dinero. así que nunca cobró el cheque a pesar de la insistencia del que se lo había firmado. Por cierto, Paz se enteró de esto porque él mismo llevaba sus cuentas y no le salían. Por eso instaba a Castañón a cobrarlo, para tener en orden el estado de su hacienda.
Emocionado, el escritor mexicano Hugo Hiriart no dejó de agradecer el tiempo compartido con su amigo: “A mí nadie me ha ayudado con tanta generosidad como Paz” dijo el novelista y ensayista.
Para el arquitecto Teodoro González de León, el homenaje fue ocasión de rememorar su amistad con el laureado, relación que lo llevó a compartir con él la noticia del Premio Nobel en Nueva York y asistir a la entrega en Estocolmo. Relató que semanas antes de morir reunió a sus amigos en la casa de “Alvarado” en Coyoacán y en el jardín al mediodía “nos enseñó a enfrentar la muerte festejando al sol”.
En la constitución de este retrato participaron también el novelista español Juan Goytisolo, el escritor rumano Norman Manea, la narradora y ensayista Fabienne Bradu , el investigador Anthony Stanton, el traductor Lasse Söderberg, el autor Aurelio Asiain, el novelista Alberto Ruy Sánchez, el investigador Hugo J. Verani, el editor Danubio Torres Fierro, el poeta chileno Jorge Edwards, los poetas uruguayos Enrique Fierro e Ida Vitale, el jurista Celso Lafer y el historiador Enrique Krauze, quienes se integraron a la voz unánime que a cien años de su nacimiento, recuerda la figura literaria que marcó definitivamente el siglo XX con su literatura, el mexicano universal, poeta de las contradicciones, del oxímoron, amante de Sor Juana Inés de la Cruz, perfeccionista y crítico, nuestro poeta Octavio Paz.
México, D. F., 31 de marzo de 2014.
