Una nación que dejará de serlo

Jorge Carrillo Olea

Es difícil discernir si nos estamos acostumbrando a la confusión informativa que proyecta el gobierno federal, si la sabemos descifrar o algo peor: que ha dejado de importarnos.

Eso sería terrible, pero si un conocedor creyera en esta última posibilidad, se alarmaría al advertir nuestra marcha hacia el individualismo, al narcisismo, al culto al bienestar materialista, al reinado del exceso, la corrupción y la impunidad. Hacia la disgregación de la nación. Una cultura social entendida como el placer de ser el imperio del becerro de oro.

Así se observa cada día al presidente de un país que no es el nuestro, heliocéntrico, pregonando, irradiando sabiduría y poder, comportándose mayestáticamente hasta en actos sin nivel. Siempre es el emperador.

Es el emperador que ilumina a su pueblo, lo bendice y guía como aquéllos de Las Mil y una Noches o de algunas leyendas chinas como la del emperador Wen Wang. Sería magnífico vivir en ese país. Pero el pueblo, testigo de tales exhibiciones, ya no se conmueve con tanta belleza.

Pasan cosas terribles en Michoacán, una podredumbre gubernamental que por su magnitud aún sorprende; en Tamaulipas y Morelos las cosas van, pero a cada momento, esos estados sangran, pero ni el gobierno federal ni sus gobernadores lo enfrentan; en el Estado de México el poder fue arrebatado al gobernador y en el Distrito Federal y otros estados la situación es también grave. Avanza el caos por días pero se contrasta con las interminables sonrisas cupulares.

Quizá se salvan sólo Campeche y Yucatán, por eso debemos irnos para allá. El país, dicho sin embozos, sangra. Contrasta que ante tanto dolor, en ciertas esferas sociales la zozobra social se exprese sólo como tema de café.

La gran metrópoli, sus centros de opulencia: Antara Polanco, Reforma 222, Ciudad Slim, así como Santa Fe, rebosan de una insensibilidad total. La clase dorada a todo volumen. Sólo importan el consumo, la exhibición de abundancia, las buenas marcas. Despertarán cuando les llegue la ola. La visión del conjunto nacional irremediablemente genera una sensación de esquizofrenia, de escisión o fractura.

Si todo lo anterior fuera mínimamente cierto, aunque lo más acentuado o exhibido es en la capital metropolitana, ¿hacia dónde marcha este compromiso gobierno/sociedad como la civilización deseable? Empezamos o ya estamos en una múltiple esquizofrenia dónde gobiernos-capas sociales y colectividades geográficas vivimos en una especie de Big Bang expansivo.

Una nación que por este camino hasta lingüísticamente dejará de serlo. Una nación donde el elemento dominante debiera ser el compromiso por una vida colectiva, donde la población sintiera que constituye un órgano integral o un grupo con vida propia, intereses específicos y compartidos, necesidades comunes y sobre todo compromisos solidarios.

Hoy México es una nación, que no patria o país, que vive impulsada por una fuerza centrífuga desintegradora y no se percibe que exista ni la percepción ni el diseño de una contramedida, sino que contrario sensu esa ley fuga se alienta por un liderazgo confundido, mesiánico. Todo eso es la nación de hoy que se nos está yendo. ¿Lo veremos?

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…Suspensivos. Ante el caos michoacano, que no se creó ayer, qué dicen los Cárdenas que en el conjunto de la tierna familia, Lázaro Sr. (gobernó dos veces), Dámaso, Cuauhtémoc y Lázaro Jr. condujeron el estado por 20 años. ¿Por qué están calladitos, por qué nadie les pide cuentas?

 

hienca@prodigy.net.mx