La política exterior de nuevo está en pie
René Avilés Fabila
La visita del presidente francés Hollande y la recepción realizada por México abre camino a la reconstrucción de la diplomacia mexicana, tan venida a menos durante los periodos de Vicente Fox y Felipe Calderón. A lo largo de doce años, el conservadurismo mexicano destruyó la política exterior, largamente edificada. Es tiempo de devolverle al país una diplomacia inteligente, moderna y audaz. Por lo pronto ya el gobierno nacional rehizo el daño de Fox, al rebajarla con vileza a una frase memorable por su estupidez: “Fidel, comes y te vas”. El panismo fue, en lenguaje popular, un chivo en cristalería. Calderón llevó a un límite intolerable la relación, larga y fructífera, con Francia, un país respetado y admirado por los mexicanos. La torpeza con que Calderón condujo el asunto de Florence Cassez nos dejó mal parados en el Eliseo y ante la opinión pública europea.
La política exterior no puede ser la misma de los tiempos cardenistas, los cambios han sido inmensos, ahora vivimos en un mundo globalizado y sin el contrapeso que ejercía el socialismo encabezado por la extinta Unión Soviética. Nuevos desafíos nos hacen repensar algunos viejos principios. De cualquier manera, México no puede dejar de lado la tradición que nos vincula a la América Latina y tampoco la que nos dio prestigio: ponernos de lado de las causas justas. Allí está por ejemplo el atroz genocidio cometido casi de manera natural, sin mayores protestas, contra el pueblo palestino, del mismo modo que Lázaro Cárdenas defendió a Etiopía de la invasión de la Italia fascista o a la República Española.
México tiene una ruta propia y es un país con fuerte personalidad, no está al servicio de Estados Unidos ni de ninguna otra potencia. Es posible coincidir con alguna, pero también es posible disentir. La globalización no uniforma la política internacional, del mismo modo que no estamos obligados a abandonar nuestra identidad ni nuestros principios históricos. Con Francia hay una larga relación de amistad y ella ha ejercido una benéfica influencia en todos los campos de la cultura. La visita de Hollande, un presidente socialista, nos da certeza del rumbo de la política exterior que de nuevo está en pie. Falta mucho andar, pero por lo menos es visible la recuperación.
México no está más para las humoradas de un Vicente Fox ni para las aventuras de Felipe Calderón. La nación ha tenido momentos de enorme brillantez que la han prestigiado en todo el orbe. Por allí debemos seguir y recuperar la dignidad que tuvo en tiempos complejos en los que México pasó con decoro y talento.
El panismo no pudo hacer las cosas peor. Desde 1939 prometió libertad, democracia, justicia. Ya en el poder, destruyó lo mejor que la Revolución Mexicana había conquistado. Todo lo que tocó el PAN, lo destruyó, lo mismo en diplomacia que en cultura y otros rubros. La corrupción fue memorable y la demagogia infinita. Sólo tuvo éxito en mostrarnos su pasmosa incapacidad política.
www.reneavilesfabila.com.mx
