René Avilés Fabila
Las encuestas, a las que nos hemos acostumbrado, indican que la enorme popularidad de Miguel Ángel Mancera se desploma. Yo lo veo como un hombre cordial, amable, sin pugnas personales visibles con las distintas tendencias políticas que conforman el PRD, distante de los elementos que desde posturas afines agreden al partido o buscan utilizarlo como plataforma para continuar sus carreras administrativas. Y sin pleitos con el gobierno de Peña Nieto, lo que llama la atención. No es un peleador callejero sino un hombre que debate y piensa sus acciones, tal como lo vimos en el debate con sus rivales por la jefatura del DF. Elecciones en las que literalmente arrasó y pareció darle solidez y contundencia al PRD, a pesar de insistir en que fue un candidato ciudadano y ahora un gobernante sin partido.
Sin embargo, pese a sus cualidades, bajan sus simpatías, lo que es peligroso si desea continuar su carrera, en la que, sin duda, el siguiente paso sería contender por la presidencia de México. ¿A qué se debe? Al populismo elemental que el PRD mantiene desde sus inicios y que ha sido matizado de muchas maneras siempre con rotundos fracasos. Que a Miguel Ángel Mancera le gusta el deporte y desea estar en forma, es correcto y plausible. Pero no podemos seguir viéndolo correr maratones, montando bicicleta con sus más leales colaboradores, jugando futbol soccer, dando banderazos para las más simplonas actividades del GDF, asistiendo a actos sociales, guiando a niños de escasos recursos por la ciudad y para colmo convirtiendo el Monumento de la Revolución, un cementerio de revolucionarios, un sitio fúnebre que merece respetuoso silencio, en campo para lo mismo echarse un tochito que una cascarita, ante el regocijo de los fotógrafos de publicaciones de escaso nivel informativo y crítico.
¿A que los activistas de la CNTE aduyos activistas de la CNTE aduyeñarse de puntos claves eds recursos por la ciudad y para colmo coné hora gobierna, cuida la ciudad, busca soluciones para problemas como los que le heredó Marcelo Ebrard con la Línea Dorada, hoy símbolo de corrupción y desprestigio, grave daño a la ciudadanía? Si sólo permite a los activistas de la CNTE adueñarse de puntos clave del DF bajo el alegato ridículo que está por la libertad de expresión sobre cualquier otra cosa, cuando su obligación es proteger a los ciudadanos que esperanzados votaron por él y que esperan que cumpla con las leyes. No es posible que un derecho atente contra otros, como muchos pretenden con demagogia ilimitada.
Mancera todavía tiene posibilidades de reordenar y replantear su proyecto de gobierno y cuidar sus relaciones con otros partidos políticos. Lo más inteligente sería desaparecer de la vista de los fotógrafos, dejar su bicicleta para hacer ejercicio y no hacer política elemental y concentrar su inteligencia y cultura, sus buenas intenciones, en los asuntos más serios que afectan al DF.
Todavía está en posibilidades de ser un excelente candidato presidencial y hasta de ganar si deja de lado la frivolidad, la demagogia y se convierte en un estadista. Cualidades tiene.
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