Se apuesta el futuro nacional como en un palenque
Jorge Carrillo Olea
La frase “la disputa por la nación”, inteligentemente construida para significar la situación lamentable y determinante que se advertía en ese momento (1981), es debida a Carlos Tello y Rolando Cordera, mexicanos de excelencia que desde aquel entonces pensaban que el interés nacional debería procurarse por encima de los intereses del mercado, sectarios y personales.
Creo que se escogió la amarga palabra disputa porque las diferencias ideológicas habían abandonado el campo de la moderación para intentar el todo y mediante todo. El libro describió una nación fragmentada, enfrentada por diferencias de principios, básicamente sobre democracia y economía.
La disyuntiva era el proyecto neoliberal —o sea, la integración al sistema norteamericano de mercado/libre empresa—, o el nacionalista —pensado como las necesarias reformas políticas, económicas y sociales para una creciente democracia y justicia social.
La situación actual en lo general ni siquiera merece aquel amargo vocablo. Vivimos en un palenque donde el futuro nacional se apuesta con los mismos alientos que una trifulca pandillera. Hemos perdido no solamente la brújula sino las proporciones, todo ello en aras de las ambiciones de poder y dinero a lograrse a través de las miserias políticas.
De esta manera, el tan mencionando crimen organizado, en la perspectiva de no mucho tiempo, pasará a ser sólo un hito aciago de la historia contemporánea. ¿Llegó para quedarse? Apuesto a que sí y que será absorbido por una criminalidad distinta, casi naciente.
Pero desde el punto de vista de la conducta humana, la de los mexicanos es la degradación social que no conocieron nuestros abuelos. Algún cínico italiano recién anidado en México con un lucrativo negocio me dijo: “En México todo se compra y todo se vende”. No se refería sólo a las autoridades sino a sus proveedores y a sus compradores, y cuánta razón tenía.
Hoy las capas altas de la política, la administración pública y el empresariado van sólo tras de una cosa: el dinero, y lo persiguen por la vía del poder, sea éste del orden que sea y tienen muy entendido que el poder da impunidad, que es a su vez también una mercancía.
Si nos sobrara vergüenza podríamos aplicarla a un rubor por el show canallesco del PAN, a la disgregación del PRD provocada por sus más indecentes paladines y alinear dicha vergüenza con la eterna sonrisa del señor Camacho. ¡Vaya un ruborcito a la salud del PRI!
El caso de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre es terriblemente significativo porque contrasta a su triunfalista presidente con las pestilentes esencias del partido. Muy lamentablemente descubre también los cimientos de aquello a lo que tan discutiblemente se ha acercado Enrique Peña. Su priismo más rancio es indiscutible y peligroso.
Detrás de los fraudes en el Metro, en Pemex, las conductas criminales del tío Arturo Montiel, de Genaro García Luna, de Marisela Morales, del Góber Precioso y legiones más, siempre hay una complicidad del más alto nivel. Laissez faire laissez passer, o ¡no hagan olas porque salpican! Sería la explicación.
Grandes números de miembros del gobierno federal, de legisladores federales y locales, de presidentes municipales de todos los partidos no están en sus cargos para servir, están en espera de la otra trabajando ya su siguiente hueso. Si se quisiera, se les podría nombrar a uno por uno, pero eso nadie lo desea, se les da el tratamiento de señor.
La lucha contra la corrupción ha sido una lucha eterna y nunca ha sido derrotada, aunque sí —y no en pocos casos— eficientemente domeñada. Teniendo una cauda de ella bajo su responsabilidad el actual gobierno federal no solamente ignora el pasado sino que tampoco quiere ver el presente que es su presente. Si no hay condena sigue la corrupción y hoy la palabra está prohibida en el lenguaje oficial. ¡Nótese! Nadie la pronuncia, de manera que no existe.
La disputa por la nación que ayer fue ideológica y programática hoy es simplemente un despojo a ella del poder y sus jugosos derivados: dinero — más poder — más dinero — más poder. ¿Quién lo cambiará? Seguramente nadie de los que podrían pues en ello iría su futuro.
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…Suspensivos. Señores César Camacho, Pedro Joaquín Codwell y otros: ¿qué no sabían quién era? Entonces cómo hicieron, cómo usaron y se beneficiaron de este priista posclásico? El partido lo patrocinó para hacerlo: secretario de la Secretaría General del CEN del Movimiento Territorial, consejero político en el DF, presidente del FJR del DF, consejero político nacional, secretario general del MT en el DF, diputado federal, asambleísta.
hienca@prodigy.net.mx
El título del artículo es una paráfrasis
del libro La disputa por la nación, Siglo XXI Editores.
