Charla con Verónica Murguía/Autora de Loba

Eve Gil

Al margen de haber obtenido uno de los premios literarios más importantes en lengua española, el Gran Angular Internacional 2013, Loba, de Verónica Murguía (SM, México, 2013) está destinada a ser una novela trascendente dentro de las letras mexicanas por más de un motivo. El número uno, considero yo, es demostrar que la literatura fantástica, además de “cosa seria”, puede llegar a ser, en nuestra lengua, obra maestra, lo mismo que en otras tantas.

Notable escritora mexicana del género fantástico, su prestigio lo avalan una serie de espléndidos libros, entre otros, Auliya y El ángel de Nicolás, que, según reconoce la propia Verónica, le permitieron encontrar una voz personal que, a su vez, sería la voz de Loba, con la que ya soñaba desde el año 2000, cuando empezó a tomar notas.

Quisiera escribir como Yourcenar

“Tenía un cuaderno para cada uno de los personajes —explica la siempre sonriente Verónica— donde no solo describía sus características, sino además los dibujaba y diseñaba su ropa. Sabía, por ejemplo, que la media hermana de la princesa Soledad, Lirio, tenía seis trajes, que era muchísimo para una persona del siglo VIII. Mi protagonista no tenía más que un par de botas de hombre, calzas (una especie de pantalones), tres camisas de lino, una túnica de cuero hervido, un anillo de cobre con valor sentimental”.

Pero llegó el momento en que, como la propia Verónica explica en el epílogo de su novela, desapareció discretamente de la vida pública para crear estos mundos y estos personajes, por lo cual, incluso, agradece a su familia y amigos “su sonriente indulgencia con mi larguísimo encierro”.

“De lo único que me arrepiento —dice— es de no haber frecuentado más a mi abuela Enriqueta que murió poco después que terminé la novela, aunque me inspiró al personaje de Liaza. La vida verdadera, para mí, está en los libros.

Por otro lado, afirma que la escritura de Loba le permitió soportar los horrores del calderonismo, porque “en mi novela sí existe la justicia”.

¿Y cómo definiría Verónica Murguía esa voz tan especial que buscaba para esta novela, que se lee con verdadero deleite?

“Admiro mucho a los personajes de voz serena, como la de Marguerite Yourcenar, y aspiro a ser ese tipo de escritor, aunque en la vida real no lo sea”.

 

Los animales en la literatura fantástica

Loba no especifica en qué periodo histórico transcurre, aunque se evidencia que se trata de la Edad Media y sugiere algunos detalles que permiten al lector ubicarse poco a poco y advertir que se trata de Occidente gracias a sus menciones de los romanos y de la Biblia, aunque Verónica inventa estos fabuloso reinos de Moriana, Tarkán, Alosna.

Le comento a Verónica que encuentro una fuerte semejanza entre Soledad, heroína de Loba, y la Auliya de la novela de mismo título, aunque en apariencia son totalmente opuestas: ambas son hijas despreciadas por sus padres. Soledad, en particular, es la primogénita del Rey Lobo y se esfuerza por ser el hijo varón que siempre ha soñado.

“En la historia del mundo —dice—, y en todas las culturas, las hijas han sido vistas por sus padres, hasta hace poco, como una decepción. En chino, por ejemplo, la palabra “hija” equivale a “una boca más que alimentar”. Los mismos chinos siguen dando en adopción a sus propias hijas, nunca a sus hijos, si no es que las abandonan a su suerte. Mis heroínas pertenecen a la Edad Media, cuando las mujeres tenían un lugar muy ambiguo, y se hacían verdaderos callejones sin salida tratándose de cuestiones políticas. Soledad es hija de un rey de la Edad Media y el asunto de la descendencia era muy conflictivo porque solo los hombres podían gobernar”.

En Loba abundan los humanos que recuerdan físicamente a diversos animales, y animales que adquieren jerarquía de personajes como el corcel y el halcón de la heroína. Incluso, su contraparte masculina, es un mago llamado Cuervo, y no por casualidad:

“Hubo un momento en que el cuervo era un animal muy significativo, en cuestiones mágicas. Incluso, el fundador de Inglaterra era llamado «Rey Cuervo», y esa importancia la tienen tanto en la zona celta como en la germánica. Yéndonos hasta la mitología griega, el cuervo representa la inteligencia. El cuervo es un genio, a mí me fascina y por eso decidí que el mago fuera un cuervo, porque es astuto e inteligente, aunque llega un momento en que maneja irresponsablemente la magia y desafía al dragón”.

“Hace poco —agrega— conocí a un halcón como el de la novela, al que me pude poner en el brazo y todo eso, y me maravilló darme cuenta de que no exageré al describirlo. En la Edad Media, los halcones eran vistos con un gran amor, casi como hermanos del hombre. Los educaban casi con la misma pasión que a sus hijos”.

“Una de las cosas más hermosas de la literatura fantástica —prosigue— es la posibilidad de acercarse a los animales. Grandes autores como Virginia Woolf, George Orwell o Cormac McCarthy han hecho de los animales protagonistas de grandes novelas. En la literatura realista de lengua española, el animal tiene un lugar muy marginal”.

Pero Verónica, nos aclara, no estuvo sola durante su encierro para escribir Loba, porque “me acompañaron La muerte de Arturo de Thomas Mallory y La espada en la piedra de Terrance Hamsbury White, que por cierto amaba a los animales de una manera desaforada. Eso sí, todo el tiempo, junto a mí, como siempre: Borges y Tolkien. Y leí mucha poesía, porque me interesaba mucho adjetivar lo mejor posible. Naturalmente, leí miles de tratados de la Edad Media con los que me la pasé increíble”.