No seamos ingenuos

René Avilés Fabila

 Desde hace algún tiempo, ha habido infinidad de voces que insisten en que México permita candidatos ciudadanos a puestos de elección. El sistema es hábil y ha dejado que creamos en tal posibilidad. En lo personal nunca las vi viables. Jorge Castañeda, en su lucha por ser candidato presidencial independiente o ciudadano, llevó a las más altas autoridades jurídicas el caso. Nada consiguió.

Nos dicen que sí los hay y ponen como ejemplo a Miguel Ángel Mancera: es un gobernante sin partido. Por favor, es mucha ingenuidad suponerlo así. Es un discreto militante del PRD que logró llegar al cargo más alto en la ciudad capital. Sus vínculos y compromisos están con el partido que lo postuló, no con la sociedad. Y además, tuvo los recursos del PRD.

Ahora la tomadura de pelo llega a sus límites. Aprueban las candidaturas independientes, sí, pero con tales barreras y candados que ningún ciudadano podrá ser candidato independiente y ajeno a los partidos políticos. Para empezar, los aspirantes deberán reunir el 2 por ciento de las firmas del padrón, es decir, unas 145 mil firmas, y queda establecido que el financiamiento para cada uno de ellos será de un 60 por ciento público y un 40 privado.

No logro imaginar cómo un ciudadano, a menos que sean Carlos Slim o Jorge Hank Rohn, logre obtener tanto las firmas como los dineros suficientes para financiar su campaña. Es mucho dinero el que se requiere para una campaña de legislador, mucho más si se aspira a llegar a la Presidencia de la República. Como es evidente, no existen posibilidades para llegar a una curul a través de la forma plurinominal, por la sencilla razón de que no pertenecen a ningún partido político.n al buscar las firmas y los recursos para llevar a cabo una desigual campaña, con aquellos que reciben recursos de sus partidos

La ciudad capital no podrá jamás, bajo las actuales condiciones, tener ciudadanos en la Asamblea Legislativa o en las diversas delegaciones. Habrá algunos que lo intenten, pero sin duda fracasarán al buscar las firmas y los recursos para llevar a cabo una desigual campaña, con aquéllos que reciben recursos de sus partidos, los que a su vez reciben cantidades fabulosas del INE.

Los partidos políticos son hábiles, mientras que los ciudadanos que deseamos ver las cosas más ordenadas, transparentes, democráticas y sin corrupción, veremos que no tenemos posibilidades de llegar a un cargo electoral con la sola característica de ser ciudadano. La implacable frase de un político corrupto y afamado como Carlos Hank González nos vuelve  a la realidad: “Político pobre, pobre político”.

No queda otra conducta que la de ser una sociedad aguda y preparada, unida y capaz de obligar a los partidos políticos a ir por donde nosotros queramos. De lo contrario, dejaremos que sigan haciendo lo que les viene en gana. Entre sí, los partidos podrán tener diferencias, muchas y de diversas índoles, pero cuando de defender sus derechos e intereses se trata, muestran unidad y una solidaridad poco normal.

 

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