CHARLAS DE CAFÉ

 

 

Charla con Vivian Abenshushan/Autora de Escritos para desocupados

 

 Eve Gil

Imposible permanecer indiferente tras la lectura de Escritos para desocupados (Editorial Sur+, Oaxaca, México, 2013) no solo por la hipnótica escritura y los malabarismos reflexivos de su autora, Vivian Abenshushan, sino porque es uno de esos libros, cada vez más raros, que incitan a la rebelión. Se trata, señala la autora, de “un libro de sublevación personal”

Se trata de la compilación de ensayos, corregidos y aumentados, que originalmente vieron la luz a través de un blog titulado Escritos para desokupados, donde las ideas de la autora originaron tantos seguidores como detractores. Aunque no se trata de un libro monotemático, su gran tema es el ocio, más aún, la reivindicación del ocio y la desacralización del trabajo. Nada de lo anterior significa, como veremos a continuación, que Vivian pasa el tiempo tirada en una hamaca…o en una tumbona (aludiendo al nombre de la editorial fundada entre ella y su esposo, el poeta Luigi Amara), sino que defiende el derecho a no someterse a la tiranía de un jefe y un horario, y al trabajo por placer (que en nuestra sociedad, por desgracia, se confunde a menudo con el ocio per se).

La experiencia del “corralito” argentino

“Trabajaba en una revista cultural —explica Vivian el origen de su obsesión por el tema—. Era editora en jefe y trabajaba hasta diez horas diarias y, como sabes, ese trabajo es extraordinariamente demandante. Los cierres eran interminables. No tenía tiempo para escribir ni para leer y eso empezó a crearme un increíble malestar”.

“Ese mismo año —prosigue— Luigi y yo fuimos a Argentina justo en medio de la crisis del «corralito», y descubrimos una sociedad reorganizándose en medio del colapso del Estado y del mercado. Había un antimovimiento de trabajadores recuperando fábricas, constituyéndose como cooperativas, así como un amplio movimiento de cine independiente muy crítico, teatro callejero, documentalistas, editoriales independientes, las «cartoneras», y en medio de ese clima de vitalidad crítica, que fue muy estimulante (y de ahí surgió Tumbona Ediciones, por cierto) había también un gran movimiento estencilero. Las calles rebosaban de esténciles con consignas muy lúcidas, muy ácidas, y estéticamente complejas, y una tarde, caminando por la calle de San Telmo se me apareció uno que decía «mate a su jefe: renuncie”, ilustrado con un dibujo del señor Burns, de Los Simpsons. Fue como una auténtica epifanía. Sentía que me estaba hablando a mí”.

Apenas retornar a México, Vivian y Luigi renunciaron a sus respectivos empleos, él trabajaba en otra revista, “y como éramos un par de desempleados con mucho tiempo de ocio, decidimos tener un hijo y fundar una editorial. ¡Así que nadie puede decir que el ocio no es fecundo!”.

Desempleo y el pequeño Oliverio

Regresando a la resolución de abandonar sus empleos, le digo a Vivian que la generalidad piensa que hay que tener una seguridad económica antes de traer un hijo al mundo. ¿Por qué, entonces, Luigi y ella eligen precisamente un momento «incierto» para reproducirse”.

“Oliverio —dijo Vivian— llegó, en realidad, un año después de esta especie de virulencia que experimenté cuando recuperé mi tiempo y mi espacio creativo. Además de la posibilidad de crear junto a otro, de manera horizontal, en una cooperativa como la que concebimos que es Tumbona Ediciones, y que se convirtió también en una especie de laboratorio social, económico y político, porque siempre ha sido más que una editorial. A la par de eso, Luigi y yo no concebíamos la idea de ser una pareja convencional, donde la madre se ocupa del niño mientras el padre o proveedor saliera a buscar el dinero, así que nos ocupamos exactamente lo mismo de cambiar pañales. Lo único que él no hacía era amamantar, aunque él defiende ese derecho o cuando menos la posibilidad de inventar algo que se lo permita”.

Oliverio, sin embargo, se expone a aprender en la escuela que la máxima virtud es trabajar y generar muchos ingresos, le digo a Vivian, y dice que “todo el sistema se funda en que unos trabajan y otros consumen. La ética del trabajo se entronizó junto con la Revolución Industrial, poco antes con el protestantismo, donde el trabajo era una forma de justificar el estar en la tierra, enfrentado a la promesa de salvación eterna de la Iglesia católica, mientras que el protestantismo hablaba de una realización en vida. También está la cultura del esfuerzo del trabajo y del esfuerzo, a la manera de Benjamin Franklin, forma parte de una ética más completa que tiene que ver con la religión. La ética del trabajo y el capitalismo industrial confluyen en algún momento y llegamos hasta el día de hoy, en que centramos nuestro valor como individuos en lo que poseemos. Por eso, desde la infancia, en todas las instituciones (escuela, hogar) se habla del trabajo como algo fundamental. Cambiar eso sería muy complejo porque se trata de un proceso social, político, psicológico”.

Diferencias entre tesis y ensayo

Y a eso se refiere Vivian cuando alude al ocio como un trabajo por placer:

“Así debería ser siempre. Como el trabajo del artista o del científico que pierde la noción del tiempo. Cuando la pierdes es que has ingresado a una dimensión distinta donde no existen las preocupaciones cotidianas. Hay muy pocos espacios para recobrar ese placer de la ausencia de reloj, y que constantemente nos recuerdan que somos inmortales, porque eso es el reloj. Por eso en mi libro critico mucho ese cronómetro que se ha introducido en el trabajo del escritor”.

¿A qué se refiere Vivian, fundamentalmente autora de ensayos —aunque tiene en su haber el premio nacional de cuento Gilberto Owen— con que el ensayo es el “ocioso” de los géneros literarios?

“Existe una confrontación —responde— entre los mismos ensayistas sobre qué es el ensayo. Una de esas formas tiene que ver con lo académico, y yo lo viví cuando era estudiante y una enorme cantidad de jóvenes, en México y en el mundo, padecen los estragos de esa confusión. Dicha confusión tiene que ver con creer que el ensayo es lo mismo que la tesis académica, cuando es exactamente lo contrario, en sus fundamentos, en sus estrategias estéticas, en su forma, en su naturaleza. La tesis es un género teórico que busca llegar a algún lado. El ensayo, en cambio, es un género errabundo, divagatorio, errático, antidogmático, que duda permanentemente de lo que dice, que se construye mientras escribe, que hace evidente el proceso”.

Actualmente, Vivian escribe lo que ella denomina una “no-novela”, que “estoy redactando —asegura— en tarjetas de formato 5 por 6, a mano, algunas cosas a computadora que habla de plagio. El 90% del libro son extractos recortados de otros libros y se pregunta por qué la literatura, contrario del arte, llegó tan tarde a las estrategias que en el arte son casi rutinarias como el plagio, la intertexualidad y la reapropiación, y si la literatura no dialoga con lo contemporáneo, corre el riesgo de morir”.