Ricardo Muñoz Munguía
Elementos puestos bajo la fe del lenguaje anidan en el creador, mas su construcción de la obra, y con mayor rigor en su inicio, no siempre es un rumbo fácil de abordar. La hoja en blanco es el gran enfrentamiento, es el verdadero reto que varios escritores podrán ver como el muro a vencer para poder empezar a caminar en un territorio nuevo, el que se pretende conquistar.
En el volumen que, aunque de largo título, queda exacto Biografía de una hoja en blanco (Editorial Doble Sol), Raquela Vázquez (Ciudad de México, 1976) le pide voz a los signos, tiempos en que cada uno de ellos va errante, siguiendo su propio destino, para que finalmente entre esos símbolos se encumbren en la cima del deseo, y desde ahí ver un recorrido de esperanzas vagas, seducciones, sueños, sensaciones que van de la tristeza al entusiasmo del cuerpo.
La travesía que nos convoca Vázquez está construida de varias piezas, que señalan hacia la infancia, hacia el inicio de la escritura, hacia diversos gestos del recuerdo para, finalmente, intencional o no, ir cerrando las líneas que convocó la memoria para: “Al fin solos, mar adentro./ Desabonota lentamente mis ilusiones./ Escríbeme./ La primera hoja espera ansiosa/ con los labios entreabiertos”.
El volumen que hoy nos ocupa puede entenderse como ese proyecto por ahondar en una patria nueva, la de la creación, y es en lo que valiosamente se enfoca el libro de Raquela, principalmente, en el poema “Hoja en blanco”, se permite palpar aquellos instantes que provoca el enfrentamiento con el arranque al escribir: “Frente a ti callo/ me desnudo y sonrío/ esta hora silenciosa es un infierno/ hoguera convirtiéndome en cenizas.// Me retas a un duelo,/ te sabes de antemano la vencedora/ no sé transcribir huracanes internos/ quizá todo es un asunto/ de ensoñación y clarividencia.// Irrumpo en ti/ tatuando tu rostro blanco,/ manchándolo con mi caligrafía/ y otras asperezas.// (…)// Cavan (las palabras),/ mineras infatigables/ en la búsqueda final/ vicio que invade la piel de la memoria…/ Sí, lo sé,/ ahora sólo quieres descansar/ lograr la plenitud en el silencio”. Y bajo este boceto, se expanden las púas que el escritor vence con la pasión de su labor, de su fe. Fe que permea en la literatura que es compromiso en el que se apega la escritora, pues de tal proceso de escribir surge una visión que por igual toma de ese instante para mostrar un ejercicio de constante disciplina y aunque aparentemente repetitivo, cada vez es un nuevo enfrentamiento.
