Varios amigos me han comentado que si ya me fijé en que nadie menciona la participación del colombiano en la política. A lo que respondo que incluso me sorprendió el comentario de Humberto Musacchio, quien en su programa radiofónico dijo aproximadamente: “uno puede estar de acuerdo o no con sus opiniones políticas, pero García Márquez es un gran escritor”. Lo cual me sonó a un deslinde.
García Márquez, recuerda la revista Proceso, donó los 25 mil dólares del Premio Rómulo Gallegos al Movimiento al Socialismo, para su participación en las elecciones de 1972. En México, apoyó a Punto Crítico, revista y organización política promovida por los ex presos políticos del movimiento estudiantil-popular de 1968. Su apoyo consistió, además de donaciones económicas, que desconozco, en que una temporada con la suscripción de la revista Punto Crítico, se donaba una suscripción de Alternativa, la revista del escritor.
Tenía buenas relaciones, según comentarios de periodistas exiliados, con el Movimiento 19 de abril (el M-19 o simplemente M), uno de los grupos más radicales de Colombia. Su relación con Bateman era tan cercana que los Estados Unidos aprovecharon para tenderle una trampa al guerrillero asegurando que García Márquez tenía algo que comunicarle en Panamá y le enviaron un helicóptero que Bateman abordó y sus enemigos políticos se encargaron de hacer estallar. Cuando se enteró García Márquez quedó consternado y sorprendido de que se hubiera empleado su nombre para el asesinato.
Su amistad con el general Omar Torrijos y con Fidel Castro pasa, creo por la afinidad política, pero también son relaciones amistosas anteriores. A Torrijos lo conoce como quien dice cuando García Márquez todavía no es el célebre escritor y Torrijos tampoco es el político que fue. De sus relaciones con Cuba, hay que recordar que como periodista, aunque trabaja para diversos diarios, es muy larga su relación profesional con Prensa Latina, la agencia cubana de noticias. (En contraste, Vargas Llosa trabaja para EFE, la agencia española).
El fin del Boom tiene un motivo político. En un momento, se promueve, por el caso de Heberto Padilla, una carta contra Fidel Castro en que se le equipara con Stalin y con Hitler. La firman no sólo los anticomunistas de siempre, sino hasta destacados izquierdistas como José Revueltas o Jean-Paul Sartre. Aparecen las firmas de tres escritores del Boom: Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Al día siguiente de la aparición de la carta en la prensa mexicana, García Márquez aclara: “me llamaron, pero yo les dije que no me firmasen”. Así, en subjuntivo. Y ahí se termina el Boom. Cortázar, que no aparece como firmante, escribe un poema en que llama a los que firmaron. “chacales” y manifiesta su apoyo a Cuba. Intentos de Fuentes por reconciliar al grupo de escritores no fructifican.
Vargas Llosa (siempre la derecha es muy fina) le llama a García Márquez “cortesana de Fidel Castro” y los de Letras libres lo caricaturizan de la mano de Fidel y titulan a su diatriba “A la sombra del Patriarca”.
Una vez viaja a Colombia y el gobierno de su país trata de aprehenderlo, a tal grado que tiene que salir en el coche de la embajada mexicana para retornar a México. La revista Punto Crítico titula a la nota que narra este incidente: “Bienvenido a casa”.
Se trata al tú por tú con los políticos de todo el mundo. La única vez que lo entrevisté comentaba sin darle importancia: ayer que hablé con el rey Juan Carlos, con Anselmo Sule, con Echeverría y si no recuerdo mal mezclaba en su conversación hasta al mariscal Tito. . Como declaró Carlos Salinas de Gortari: “él no buscaba a los políticos, los políticos lo buscaban a él”. (Carmen Galindo).
