El neoliberalismo desdibuja los principios teóricos

Alfredo Ríos Camarena

Los partidos políticos tienen como objetivo y deber principal la conquista del poder, pero no sólo por el poder mismo, sino que implica una plataforma doctrinaria y de principios que contenga los objetivos y aspiraciones que se presenten como metas de corto y largo plazo para el electorado.

En México estas definiciones doctrinarias se han gestado desde la Independencia hasta nuestros días, centralistas y federalistas, conservadores y liberales, partidos de índole social que aspiran a la justicia y partidos que apoyan el desempeño de los grupos empresariales y el desarrollo del capitalismo; la ideología de la Revolución Mexicana se fue consolidando a través de sus movimientos históricos, y con poca participación de teóricos destacados, más bien fueron las aspiraciones populares que surgieron de líderes que interpretaron las grandes necesidades nacionales; por supuesto que hubo ideólogos como los Flores Magón, Molina Enríquez, Otilio Montaño, Luis Cabrera y muchos más, pero su producto doctrinario realmente se fincó en los preceptos constitucionales; en 1824, independencia y federalismo; en 1857, separación de la Iglesia y el Estado; en 1917, justicia social y apoyo a la reforma agraria y a las luchas obreras.

El avance del capitalismo neoliberal ha desdibujado muchos de los principios teóricos y la humanidad gira en torno a la acumulación del dinero y a la nueva tecnología que ha cambiado el rostro de la nueva sociedad. Tras los medios masivos de comunicación, se oculta y se esconde la lucha de clases que parece, sólo parece, haber desaparecido.

Todos los partidos se fueron hacia el centro, los partidos comunistas —que mantenían principios claramente definidos— han sucumbido después de la caída del Muro de Berlín, y el rostro del socialismo sólo representa a una sociedad de democracia que forma parte del sistema neoliberal.

Los partidos perdieron el rumbo, la ideología se diluyó y la encarnizada lucha que dan los actores políticos se centra en el poder y en el dinero.

En estas condiciones, celebró el PRD su 25 aniversario; un partido que más bien ha sido un frente nacional y que en un momento pudo contener una izquierda guerrillera, a los viejos grupos comunistas, pero que finalmente fincó sus principios en una doctrina muy similar a la del PRI de los años 40; por eso, en el fondo, no existe diferencia ideológica entre ambos partidos, pero una gran brecha pragmática. El PRI arrasado por sus gobiernos neoliberales se pudo entender mejor con la derecha empresarial y religiosa que dio razón de ser al PAN.

Los partidos políticos, si quieren penetrar en la ciudadanía, deben recobrar sus principios doctrinarios e ideológicos.

Las reformas que se han aprobado y cuyas leyes secundarias están a discusión, tienen en sí mismas contradicciones, pues no existe una línea filosófica o teórica que las impulse, sino un pragmatismo que, por otra parte, es necesario para promover el desarrollo económico y el crecimiento.