A CONTRACORRIENTE

PAN: elecciones internas

René Avilés Fabila

Como unos cuantos militantes agudos le advirtieron al PAN, el poder sería su perdición: corrían el peligro de ganar Los Pinos y perder el partido. Así fue. Luego de dos penosos gobiernos, se encuentra visiblemente arruinado: dividido, sin programa, con groseras pugnas insalvables, llegó el domingo pasado al proceso que le permitiría elegir nuevo rumbo. Las posibilidades eran dos y ambas lamentables. Entre Ernesto Cordero y Gustavo Madero no se obtiene un político cabal, culto e inteligente.

En Acción Nacional no se han dado estadistas, sólo intrigantes de bajo coeficiente intelectual y capaces de llegar a extremos lamentables. En efecto, hay un PAN anterior al triunfo de Vicente Fox y uno posterior a Felipe Calderón. Entre las torpezas de los dos mandatarios conservadores mandaron a Acción Nacional al tercer lugar abajo del PRI, nuevamente victorioso, y del PRD, a pesar de sus pugnas internas.

Para llegar a las elecciones de dirigente nacional, Madero y Cordero intercambiaron no ideas sino vulgares insultos. No es más el PAN de personas más o menos bien educadas que parecíamos conocer. Los resultados de la contienda, por primera vez abierta a los militantes, arrojaron un resultado que era predecible: el triunfo lo obtuvo Madero, por un poco más de 50 por ciento. Una vez concluido el proceso electoral, aparecieron las frases gastadas. El ganador invitó a todos a reconocerlo y a iniciar una suerte de operación cicatriz, mientras que Cordero aceptaba su derrota.

Lo que sigue ahora también es predecible. El PAN tendrá que hacer un esfuerzo notable para conseguir su reconstrucción y acaso en las siguientes elecciones presidenciables obtener un segundo lugar abajo del PRI y no muy distante del tercero que ocupará el PRD.

Ni Madero y menos Cordero son dirigentes de gran habilidad. Sus acciones son de escasa inteligencia y excesiva agresividad. El PAN pagará las consecuencias de haber llevado al poder a dos hombres, Fox y Calderón, que no tenían ni la preparación ni la experiencia para dirigir a un país complejo como lo es México.

Lo más adecuado para Acción Nacional sería regresar en lo posible a los orígenes y convertirse en una oposición responsable y abierta. En las condiciones en que se encuentra luego de ocupar la casona presidencial por doce años, son las menos adecuadas para hacer política de altura.

No deja de llamar la atención que tal organismo, fundado en 1939 y que en consecuencia ha dado una larga lucha política, hoy sea un partido sin personalidad, desdibujado y carente de programa político. Madero es evidentemente un político de pocas luces. No será él quien lo saque del hoyo en que Fox y Calderón, rodeados de funcionarios improvisados, incapaces y por añadidura corruptos, lo sumieron.

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